Agua, productos químicos, alcohol en gel…

Las manos muchas veces no son tenidas en cuenta a la hora de los rituales de belleza. Sin embargo, son ellas las que revelan verdaderamente la edad de una mujer. Ya que no pueden ser sometidas a cirugías de rejuvenecimiento. Por eso, resulta fundamental el cuidado riguroso de su piel, para que luzcan jóvenes y bonitas.

Pero como ellas están tan expuestas diariamente a una gran cantidad de agentes nocivos, es bueno conocerlos para saber cómo cuidarse de ellos.

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Acetona

La acetona se utiliza habitualmente para remover el esmalte de las uñas. Cada vez es menos común la utilización de ese compuesto químico en estado puro, pero mucos quita esmaltes contienen bastante y es nociva para la buena salud de las uñas, puesto que las reseca y deshidrata.

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Morderse las uñas

La onicofagia es un mal hábito, una patología psicológica, que no sólo conlleva que las uñas adquieran un aspecto muy antiestético, sino que también afecta la imagen integral de la mano. Además, favorece las infecciones y resfriados, a causa de los gérmenes que ingresan al organismo a través de las uñas.

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Productos de limpieza

El uso cotidiano de productos de limpieza con compuestos químicos y componentes abrasivos, daña obviamente la piel de las manos. Las reseca, irita y favorece la formación de grietas. Lo recomendable es siempre realizar la limpieza con guantes de goma.

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Secado de las uñas con rayos UV

Secar las uñas con rayos UV luego de la manicure, prolonga la duración de la misma, pero a su vez expone al cáncer de piel. Así que lo mejor es recurrir a este método de secado lo menos posible.

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Alcohol en gel

El uso excesivo o demasiado frecuente de alcohol en gel, aunque desinfecta las manos liberándolas de gérmenes y bacterias, favorece su resequedad. Por ello, lo ideal es reservar su uso sólo para cuando es estrictamente necesario y recurrir a un buen jabón cremoso y humectante cuando se tiene al alcance.

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Agua caliente y fría

El agua demasiado caliente o muy fría, así como la constante exposición de las manos al jabón, terminan por dañar la capa superficial de la piel, resecándola y dejándola escamosa. La humead excesiva de las manos, por ejemplo en aquellos casos en que por razones laborales la persona debe permanecer mucho tiempo con las manos en contacto con el agua, impide la formación del manto hidrolipídico (combinación de sebo y sudor que recubre la parte exterior de la piel que mantiene la hidratación y otorga ese aspecto aterciopelado de la piel).

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