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¿Qué son los embarazos de alto riesgo?

Un embarazo de riesgo, en la mayoría de los casos, no puede prevenirse, pero la mejor manera de que tenga un final feliz, es el estricto control prenatal
Los embarazos de alto riesgo
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El embarazo suele ser una de las etapas más hermosas en la vida de una mujer y su pareja. Pero hay casos, en los que esa alegría puede transformarse en angustia, preocupación y miedo cuando se diagnostica alto riesgo en el embarazo. Este tipo de casos, se determinan frente a la presencia de algún problema en la madre o el bebé, que potencialmente puede poner en peligro la vida de ella, de él o de ambos, por lo cual las posibilidades de complicaciones durante el embarazo y el parto son muy grandes.

Felizmente este tipo de inconvenientes afecta solamente a un mínimo porcentaje. Y gracias a los avances tecnológicos y científicos de la medicina en el área, en la actualidad existen muchas maneras (estudios, ecografías, etc.,) de seguir de cerca este tipo de embarazos y minimizar los posibles riesgos.

Las alteraciones en la salud de la madre o los factores que eventualmente podrían poner en peligro el embarazo, pueden ser previos a éste o aparecer durante el curso de uno que hasta ese momento se consideraba “normal”. Entre los factores y alarmas en el embarazo están:

  • La avanzada edad de la madre (un embarazo tardío cuando la mujer tiene más de 40 años)
  • Antecedentes de embarazos múltiples o complicados (malformaciones fetales, retraso del crecimiento del feto, placenta previa, parto prematuro, muerte fetal intrauterina)
  • Corta edad de la madre (embarazo adolescente)
  • Alcoholismo
  • Dependencia a las drogas
  • Desnutrición
  • Obesidad
  • Enfermedades cardíacas
  • Hipertensión
  • Problemas renales
  • Diabetes
  • Enfermedades de transmisión sexual
  • Cáncer

Y entre los problemas que pueden presentarse durante el transcurso del embarazo están: Diabetes gestacional, preclampsia, colestasis del embarazo, entre otros.

Como se mencionó anteriormente, los antecedentes de la salud de la madre y los problemas que haya tenido en gestaciones anteriores, son fundamentales para determinar un embarazo de riesgo y proceder en consecuencia.

Por ello, los controles prenatales se vuelven fundamentales. Ya sea para diagnosticar un embarazo como riesgoso al comienzo del mismo (luego del cuestionario y los estudios de rutina) o en el transcurso de éste, a raíz de algún síntoma o problema que presenta la madre (contracciones uterinas, perdidas, etc.). También puede existir la posibilidad de que a través de algún examen, se encuentre alguna patología en el bebé (problemas cardiovasculares, mal desarrollo de las extremidades, etc.).

Frente al diagnóstico de un embarazo de riesgo los controles médicos y los estudios se vuelven muchísimo más estrictos. El seguimiento por parte del ginecólogo debe ser exhaustivo y en oportunidades requerirá colaboración de determinados especialistas según el caso (cardiólogo por ejemplo). Las ecografías en este tipo de embarazos se tornan fundamentales y se realizan con una frecuencia mucho mayor. En este sentido, las ecografías de cuatro dimensiones han sido un gran aporte para determinar malformaciones fetales.

El ultrasonido (analizar el desarrollo y verificar el estado de salud del bebé) y el estudio del líquido amniótico también son de gran ayuda. Muchas veces las ecografías se acompañan con un estudio doppler, que es un poco más detallado y evalúa el estado de los vasos y la irrigación sanguínea del bebé.

Lo fundamental frente a un embarazo catalogado como riesgoso, es la prevención mediante los periódicos controles médicos. Un embarazo de estas características no se puede prevenir. Salvo en el caso de aquellas mujeres que son alcohólicas, adictas a las drogas, mayores de 40, por ejemplo, en los que es sabido que esas situaciones son incompatibles con un embarazo. Pero en todos los demás casos, las complicaciones surgen y no pueden preverse, pero sí seguirse de cerca una vez que se instalan a fin de minimizar al extremo los posibles peligros. Un embarazo de riesgo no implica necesariamente que vayan a surgir dificultades, sino simplemente que los cuidados deberán ser mucho mayores. Para ello, la información y la educación desempeñan un rol muy importante en cuanto a la concientización de la madre y del padre. Muchas muertes o graves complicaciones (materno fetales) podrían evitarse si se realizarán las revisiones necesarias.

Los embarazos de riesgo, en la mayoría de los casos, requieren de un parto planificado, lo que no necesariamente implica una cesárea. Se realiza una inducción cerca del término del embarazo (dependiendo del estado de la madre y del bebé más lejos o más cerca de la posible fecha de parto), con el cometido de que el mismo se desarrolle en óptimas condiciones, bajo un estricto control médico desde el inicio de la primera contracción hasta que se produce el primer llanto del bebé.

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