En el vientre

Unido a los tradicionales lazos entre las madres y sus hijos, recientes descubrimientos indican que existe un intercambio retroactivo de células que, además de prevenir enfermedades, podrían subsistir como parte activa en un organismo diferente, lo que sin duda alguna, es un paso más en la evolución humana.

Resulta sorprendente analizar cómo las sociedades, conjunto de individuos transitando por la vida, dando vida con cada embarazo e inmersos en el absoluto tedio que produce la rutina, dejamos pasar en la mayor parte de las ocasiones, el conocimiento de lo que subyace en los centros de investigación científica, permitimos que la problemática cotidiana y los hábitos rutinarios, nos impidan maravillarnos con los descubrimientos más espectaculares que nos hablan de ruptura de esquemas, simbiosis vital, salud natural y nuevos escalones en el proceso evolutivo de la raza humana.

Si prestáramos un poco de atención, podríamos ser testigos directos de la absoluta magnificencia de la máquina a la que llamamos el cuerpo humano, la más perfecta, integral y coordinada máquina que desde los orígenes de la raza humana, lleva efectuando procesos genéticos internos de los que depende un porcentaje muy elevado de la evolución sin que ni tan siquiera nosotros, hayamos sido testigos de ello.

El microquimerismo es un término que hace referencia al intercambio, la alimentación retroactiva de células entre la madre y el feto durante el embarazo. Si bien, es un aspecto que viene estudiándose desde los años 60, no es sino en el momento actual cuando comienzan a plantear dudas más allá de las meramente sanitarias, poniendo en entre dicho la arraigada creencia de que las personas somos únicas e irrepetibles y que esa condición se adquiere como resultado de la fusión de dos células con mapas genéticos distintos que dan lugar a un ser humano completamente único.

Inicialmente los estudios se centraron en la capacidad de las células de la madre y del feto de atravesar la barrera hematoencefálica y viajar por la médula espinal donde podría permanecer de forma indefinida.

Esta transmisión de células entre la madre y el feto, ha ratificado la presencia de la célula como la responsable de la prevención del desarrollo de ciertas enfermedades.

Así, en las madres con cardiopatías congénitas que han presentado mejoría tras el parto, se han detectado células con cromosomas masculinos Y, tras haber alumbrado a un varón.

De igual forma, las células de la madre presentes en los organismos de los niños diabéticos, por ejemplo, han generado respuestas autoinmunes a la enfermedad, mejorando radicalmente la calidad de vida del niño.

Si bien es cierto que esta prevención natural de enfermedades en la que madre e hijo se protegen mutualmente es, en si misma un hecho espectacularmente avanzado, no lo es menos las nuevas dudas que asaltan a los científicos.

Una vertiente que rompe con esquemas metafísicos y completamente intrínsecos a la condición humana por medio de la cual, se estudia la posibilidad de que el microquimerismo sea capaz de incidir en el desarrollo del cerebro.

Reminiscencias genéticas

Cada uno de los individuos y sus billones de células descendientes del óvulo y espermatozoide que, por su diferencia genética individual cuentan con la potestad de crear un nuevo ser si se fusionan, contiene además, (durante aproximadamente 20 años) células procedentes de la madre transmitidas durante el proceso de gestación. Esto no es todo ya que, la madre, tras el parto, podría contener células de su hijo que habrían sobrevivido y se habrían alojado en su interior mejorando los síntomas de muchas enfermedades y, siendo capaces de prevenir otras como el cáncer de mama, la disfunción tiroidea y las cardiopatías.

Las células que emigran son capaces de alojarse en el nuevo organismo e incorporarse a los tejidos, incluido el tejido cerebral lo que sin duda pone en tela de juicio la unidad exclusiva de cada ser humano y nos sitúa en un punto de inflexión extraordinario por medio del cual podrían minimizarse muchas de las limitaciones que, la magnitud de la perfección del ser humano, no ha podido enfrentar… enfermedades, desarrollo cerebral, transmisión de células… transmisión de vida y permanencia en ella.

¿Podría explicar este descubrimiento tan majestuoso el indivisible vínculo maternal que existe entre la madre y su hijo?

¿Estamos ante un orificio de luz para re evaluar el yo físico y con el, descubrir nuevas áreas por explorar que darían lugar a una nueva civilización de humanos que establecieron redes sociales celulares?

Es imprescindible estar atentos a estos descubrimientos que, de la mano de los estudios de las células madre y con “Dolly” como punto de partida, nos sitúan ante un nuevo momento en la evolución humana que, manipulado adecuadamente, podría suponer el incremento de la calidad de vida y la prevención de muchas enfermedades, así como… sin duda alguna, la máxima evolución de la raza humana hasta el momento.

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