Depresion en el embarazo
La depresión durante el embarazo puede afectar de muchas formas y a muchas mujeres

No cabe duda realmente que son muchas las mujeres que hoy por hoy atraviesan por una depresión en distintos grados durante su embarazo, y eso ha provocado que efectivamente aumente la preocupación por estas de consumir un antidepresivo que les permita continuar con su vida normal, sin embargo la disyuntiva se presenta cuando los médicos afirman que existe un vacío legal entre el derecho de suministrarle antidepresivos a una madre para mejorar su condición de vida y la de realizar esta misma acción afectando directamente al efecto, quien no tiene posibilidad alguna de rechazar los efectos, tóxicos a veces, de estos antidepresivos.

Se ha comprobado que una de cada cinco mujeres embarazadas presenta depresión en alguno de sus grados. Algunos de estos antidepresivos poseen un nivel de toxicidad que llega al punto de asociarse a la deformación congénita en el nacimiento.

Comúnmente, se han utilizado como antidepresivos el llamado Zoloft y el Prozac, sin embargo en el embarazo lo óptimo sería no consumir este tipo de productos y ningún otro, aunque la postura de los facultativos es realmente diversa en este tema y mientras unos aseveran no existe un efecto negativo para el bebé que se encuentre asociado al consumo de antidepresivos de forma garantizada, otros están seguros en que no vale la pena exponer el feto a este tipo de productos y conviene asesorar a la madre para que realice terapias de ayuda psicológica y no farmacológicas.

En el caso de una mujer que esté tomando antidepresivos y no se haya percatado de encontrarse embarazada, se aconseja consulte inmediatamente a su médico y no deje de tomar su antidepresivo convencional, pues también es sabido por la ciencia médica que suspender un tratamiento de forma improvisada puede traer aparejado iguales o peores consecuencias a ella y a su hijo.

Deberemos recordar que la depresión en sí, consiste en un estado o condición que afecta al cuerpo, al estado anímico y los pensamientos, de manera que la persona depresiva ve y siente cosas de una forma en que realmente no ocurre en la realidad, entregándole, por cierto, una connotación negativa a su entorno y llevándola al extremo de tomar decisiones inadecuadas y contraindicadas para su bienestar general e incluso su vida.

Obviamente que existen diversos grados de depresión, pero en cualquiera que se presente durante el embarazo hay que tener mucho cuidado. De cualquier forma la depresión durante el embarazo no es un tema que podamos obviar como padres o madres, pues los efectos que tiene durante el embarazo pueden transformarse en:

  • Cuidado prenatal inadecuado
  • Hacer padecer de preeclampsia a la madre
  • Aumentar el peso pobremente o en exceso
  • Derivarse a una alimentación inadecuada, sin cuidados
  • Usar drogas o alcohol
  • Tomar determinaciones contra ella o el bebé

Hay que tener cuidado con el manejo de la depresión en todo momento, y más si se encuentra presente en una mujer embarazada, pues se ha comprobado que los niños nacidos de mujeres que sufrieron de depresión presentan ciertas problemáticas con más frecuencia como:

  • Mayor irritabilidad
  • Menor actividad o atención que el resto de niños
  • Bajo peso

Por todo lo anterior, conviene preocuparse ante el atisbo mínimo de depresión en la mujer embarazada para así evitar complicaciones que podrían escalar a niveles insospechados, pues esta condición actúa de forma silenciosa y con absoluta apariencia de normalidad, razón que nos convoca a tener mucho más cuidado en cada uno de los procesos por los que atraviesa la madre y en los que debe estar presente el padre.

Los síntomas de que la madre está cursando una edapa depresiva son:

  • Ausencia de deseos de cualquier tipo
  • Pereza, no tener ganas de hacer nada
  • Mal humor
  • Pensamientos negativos acerca de todo
  • Irregularidad en las fases de sueño
  • Sentimiento de no tener energía
  • Descuido personal y de los demás en la casa

La depresión no es culpa de quien la padece, la depresión es una enfermedad y felizmente, curable. Un buen comienzo es reconocerla y comenzar a preocuparse por ella.

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