Las enfermedades más frecuentes

Es muy recomendable hoy en día el mantener cuidados especiales sobre los bebés durante los primeros 28 días luego de nacido, y es que la cantidad de factores que confluyen en esa etapa para que el niño se desarrolle con normalidad, son demasiados. Es así como se recomienda tener especial atención a algunas de las más frecuentes anomalías o enfermedades que suelen atacar a los bebés en su primer mes de vida como el Pulmón Húmedo, Criptorquidea y Displasia de Cadera.

Pulmón Húmedo

Alrededor del 1% o 2% de los bebés presentan el llamado pulmón húmedo, aunque técnicamente corresponde decir "taquipnea transitoria del recién nacido", nombre que hace alusión al síntoma principal de un aumento en la frecuencia respiratoria, el que debiera ser pasajero y se origina por el retraso de la eliminación del líquido que tiene el feto en sus pulmones, en casos normales.

Comúnmente es normal el ver que los recién nacidos respiren de forma rápida y superficial, sin embargo puede que el hecho de llegar a tener más de 60 respiraciones por minuto se deba específicamente a un cuadro poco convencional que provoca un sinnúmero de enfermedades, y es por esto que debiera ingresarse al neonato inmediatamente a la unidad de neonatología para practicar radiografías y diferentes exámenes que permiten excluir trastornos en él. Cuando obedece a una causal normal, este síntoma debe desaparecer a lo más al tercer día sin dejar ningún tipo de secuela.

Criptorquidia

En nombre de esta enfermedad hace alusión a lo que podríamos definir como "testículo oculto", y ello se debe al curso que siguen los testículos, desde la cavidad abdominal hasta las bolsas escrotales, mientras se va desarrollando el feto y llega el nacimiento, donde se termina el proceso gracias al impulso de las hormonas del nuevo bebe. Por distintas causales puede ocurrir que uno de los testículos quede detenido en alguna parte del proceso y se produzca la criptorquidia.

Al menos un 4% de los recién nacidos presenta un cuadro como éste, cifra que aumenta ostensiblemente en los prematuros, llegando a observarse en un 20%. Muchas de las veces, la solución a la enfermedad llega por sí sola dentro de los tres primeros meses de vida, no requiriendo ningún tipo de tratamiento específico. No obstante, en uno de cada cuatro bebés con criptorquidia, el problema no se soluciona en el tiempo antes señalado y requiere de un tratamiento.

Displasia de Cadera

Este problema aqueja a los recién nacidos en dos circunstancias o situaciones distintas:

  1. El bebé puede nacer con una luxación de cadera, entendiendo por tal aquella en que el extremo superior del fémur está afuera de la posición que le corresponde en la pelvis
  2. La cavidad de la pelvis no está muy bien formada y no puede mantener al fémur por mucho tiempo, por lo que el riesgo de salir de su posición durante los primeros meses de vida es muy grande, provocando con ello una cojera irreversible

Comúnmente afecta en mayor grado al género femenino, aumentando en los partos de nalgas y más aún si existe registro de casos familiares. Por el hecho de ser una enfermedad bastante frecuente en el nacimiento de bebés, es necesario descartarlo de forma casi inmediata con diagnóstico precoz, el cual cambiará radicalmente todos los pronósticos que puedan realizarse.

Con la intención de evitar esta problemática, los facultativos realizan durante los primeros días de vida del neonato una exploración que permita asegurarse esté la cabeza del fémur en su sitio, y así no exista peligro de que vaya a salirse de su posición. Quienes se encuentren interesados en conocer más al respecto de este informe, deberán consultarlo como "maniobra de Ortolani" o "maniobra de Barlow".

Para plantear un diagnóstico definitivo para el recién nacido, en relación a la displasia de cadera, es posible realizar una ecografía a los dos meses de vida o inclusive una radiografía a los tres meses (5 meses como máximo), donde en caso de existir sospechas positivas de algún problema relacionado con la cadera, se procede a evaluar un tratamiento que consiste en colocar al fémur en su sitio e impedir que éste salga, llegando inclusive a la cirugía.

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