Crianza Positiva

Cuando se habla de educar a los niños, se hace referencia fundamentalmente, a poner el acento en aquello que hacen bien y destacarlo, en lugar de estar todo el tiempo marcando sus lo que hacen mal, es decir sus errores.

De esta manera resulta mucho más fácil motivar a los hijos a que repitan aquellas cosas que hacen bien y que los padres quieren que aprendan y dejen de hacer lo que ignoran porque no consideran bueno. Si bien en primera instancia puede parecer muy sencillo, la verdad es que no lo es y ponerlo en práctica puede resultar complicado. Ya que requiere de mucho práctica, autoconciencia y autocontrol, porque los padres están mucho más habituados culturalmente a remarcar los errores de los niños que a resaltar sus virtudes y acciones positivas.

Para educar en positivo es necesario:

  • No perder la calma y hablar sin gritos: Levantar la voz no siempre ayuda a que el llamado de atención sea más efectivo. Siempre hablar calmadamente y recurriendo a la explicación razonable de por qué algo que se está señalando está mal es mejor. También es importante priorizar aquello que no puede permitirse bajo ningún concepto y lo que se puede dejar pasar, de modo de no estar todo el tiempo rezongando o remarcando las faltas, que es precisamente lo que se busca cundo se pretende educar en positivo. Por ejemplo: Ningún padre va a permitir que su hijo se exponga a un peligro y ante ello va a reaccionar. Pero quizás una falta menor como derramar un poco de agua sobre la alfombra, puede dejarse pasar.
  • Apostar más por la firmeza que por la radicalidad: Es decir de nada sirven los castigos severísimos, si de tan severos se levantan de inmediato. Es preferible poner un castigo seguro, es decir uno que se va a mantener aunque no sea tan drástico, que uno muy severo que se va a levantar. Lo que hay que tratar es de que los hijos entiendan que sus comportamientos tienen consecuencias y si sus comportamientos son malos, las consecuencias también lo serán y viceversa.
  • Evitar las comparaciones: Este es un error en el que muchas veces es fácil caer y suele ser muy perjudicial para el niño. Cada uno es único y no se puede pretender que sea como otro. Si se cae en el error de compararlo, el niño puede interpretar que no se le quiere tal cual es y que sus padres desearían fuera como tal o que fuera diferente a como es. Y no es la idea, el foco no es que cambie su forma de ser, su esencia, sólo que corrija aquellas cosas que disgustan porque se considera que no son buenas para su formación.
  • Evitar las etiquetas: Las etiquetas que remarcan sus defectos estigmatizan y de nada sirven. En lugar de animar al niño a que cambie, hará que ese comportamiento se haga más fuerte, ya que se volverá como una parte más de él. Por ejemplo: Decirle todo el tiempo que es malo, hará que termine convenciéndose de que lo es; cuando en realidad lo que se está tratando de que entienda es de que algunas de las cosas que hace no están bien, pero no todas. Él no es malo, hace algunas cosas que están mal.

Educar a los hijos de esta manera, remarcando las cosas buenas en lugar de las malas, hace que sean más seguros de sí mismos y a la larga resulta muy gratificante. Si bien es verdad que es muy agotador, un trabajo diario de dedicación full time, los resultados valen la pena.

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