Las etapas en que se desarrolla el niño

El psiquiatra austríaco (*), padre del psicoanálisis, profesor Sigmund Freud, explica que los agentes socializadores y formadores del individuo “civilizado” ejercen una presión contraria al “natural” del ser humano.

Se debe comprender que la sociedad de principios del siglo XX vivía con una idea "dualizada" del mundo entre los conceptos del bien y del mal. Freud identificaba en el bloque oscuro lo que venía en el hombre como herencia de la raza: Los instintos que custodian la sobrevivencia y la conservación de la especie.

Pero los aspectos no animales que caracterizan al homo sapiens sapiens, los que permiten e impulsan el pacto social, entran en conflicto con las pautas innatas descritas anteriormente.

Hay un consenso bastante generalizado que acepta que la evolución de los procesos psíquicos del aprendizaje se produce por una búsqueda innata de la estabilidad a partir de los desequilibrios.

Los procesos de cambio y estabilidad están manteniendo una relación recíproca (interrelación), unas transformaciones afectan a las otras y, todo el conjunto es, proporcionalmente afectado por los conjuntos estables.

En otras palabras, los caracteres de la personalidad, que se mantienen incambiados (de disposición genética o de los instintos de la raza) interaccionan con los elementos variables y con el medio.

Para poder estudiar el desarrollo se ha recurrido a un constructo social que pretende identificar las distintas fases del proceso:

Períodos del desarrollo

Se deja claro que no hay tal división en la realidad la vida; es continua y delimitar estos períodos constituye una equivocación. Aun así se ha llegado a aceptar la secuencia de cinco de ellos (en las sociedades occidentales-industriales):

División por edades:

  • Antes del nacimiento
  • Etapa hasta los primeros pasos
  • Niñez temprana
  • Niñez intermedia
  • Adolescencia

Es relativamente fácil relacionar este desarrollo con una autonomía cada vez más marcada, donde el rasgo que al propio crecimiento físico e intelectual exalta es la interdependencia de la madre (o sustituto) por parte del niño.

Ya en el vientre materno, el feto, hace notar presencia mediante movimientos que la madre reconoce como no propios. Este “despegarse” va haciéndose más pronunciado a medida que evoluciona el embrión. El nacimiento y las operaciones relacionadas son una drástica demostración de la doble acción: Despojo- Libertad. El corte del cordón umbilical, la capacidad de respirar por sí mismo, la percepción de las distancias, especialmente de la distancia que ahora los separa de su madre, etc., son fuente de miedos y satisfacciones que involucran sentimientos de desamparo y de autodeterminación.

También los primeros pasos aluden a la independencia y desmitifica la “super imagen” que el pequeño se forma de sus padres, de su familia y contexto conciente. Hay que señalar, que estas etapas de desamamantamiento” vulgarmente “destete”, dejan una profunda huella inconciente. No son experiencias recordables dado que acontecen a muy temprana edad y, en estas circunstancias, la estructura memorística y mecanismos asociativos no están suficientemente desarrollados todavía.

En este punto, cabe una analogía de este instinto interdependentista del ser, en general, y del ser humano, en particular: Sus ansias de separación no solo lo descentran de su “huevo materno” sino que también, hoy, en épocas de conquista de espacios, lo sacan más allá de su geo-genética, de su planeta tierra, a otros regímenes tan exóticos como inconcebibles; su subconciente.


(*) Sigmund Freud nació el 6 de Mayo de 1856 en Freiberg, Moravia, un pequeño pueblo localizado a 50 millas al norte de Viena, que en aquel entonces era parte del imperio austro-húngaro. En la actualidad este pueblo es parte de Checoslovaquia y es conocido como Příbor.
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