Razones de peso para no ser la otra

La amante

Existen muchos mitos entorno ser la amante y los beneficios que puede tener ser la “otra”. Pero realmente ser la amante tiene menos beneficios de lo que se cree. Es por eso que hemos realizado un pequeño pero contundente listado con 6 razones del por qué es mejor no ser la otra.

1

Por amor propio

Ser la “otra” es una clara señal de poco autoestima, aceptar ser la amante deja mucho que desear de si tienes realmente “amor propio”. Como vas a poder amar a alguien si no te quieres a ti misma, y ser la amante de alguien denota que no lo haces.

2

La culpa recae en la amante

Hay una frase popular que dice “el hombre propone y la mujer dispone”, y es tan cierta y grande como una catedral. Si eres el amante de alguien es porque no supiste decir que “no” y tú lo quisiste; tú decides si eres la otra y que ese hombre sea infiel, al menos contigo.

3

Nunca la dejará por ti

Muchas amantes viven esperanzadas de la promesa del infiel que asegura que la dejará por ti. Esto no pasa casi nunca y mientras tanto tú seguirás siendo la amante o la otra, viviendo a escondidas y una relación en secreto que siempre resulta desgastante y estresante. Si empezaste como amante lo más probable es que termines como amante.

4

Solo te dan el tiempo que sobra

Una amante jamás tendrá el lugar de la esposa y mucho menos el tiempo que cree merecer. La amante deberá conformarse con el tiempo que sobra, esas escapadas furtivas de tiempo limitado, ni siquiera podrás aspirar a la mitad de lo que recibe la esposa.

5

Una vida en la sombra

La amante siempre vivirá en la sombra, en la oscuridad y a escondidas, nadie podrá saber de tu existencia, no se podrán exhibir en público. Estarás condenada a lugares escondidos poco recurrentes, escondidos y alejados. No podrás llamar cuando quieras y si te responde probablemente te cambie el nombre por el de un amigo para no levantar sospechas.

6

La conciencia y el remordimiento

El cargo de conciencia que se tienen por ser la amante es muy pesado, vivirás en constante remordimiento y con bastante sentido de culpa. Como dice el popular refrán “No hagas nada de lo que no quieres que te hagan”.

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