Heridas emocionales y traumas

La infancia es una de las etapas más preciosas de la vida, es cuando se aprende a gran velocidad una cantidad de cosas fundamentales: Caminar, hablar, leer, escribir, etc. Pero también cuando se experimentan las emociones que formarán la personalidad, la forma de ser y la forma en cómo se afrontarán las adversidades.

Dichas emociones pueden ser experiencias positivas o dolorosas y en ambos casos condicionarán la vida adulta.

Las heridas emocionales de la infancia o traumas permanecerán durante toda la vida y pasarán a formar parte medular de las emociones. Algunas de las experiencias traumáticas que dejan huella en la adultez son:

1 Temor al abandono

Este trauma suele originarse cuando los padres o adultos a cargo del niño (figuras protectoras), no están para contenerle cuando éste lo necesita. El desamparo es extremadamente doloroso para el niño, la sensación de soledad y desprotección puede hacer grandes estragos en lo emocional. Las personas que durante su niñez han vivido situaciones de abandono, son, generalmente, más inseguras y dependientes emocionalmente.

Son personas que suelen tener dificultades en la adultez para mantener relaciones de pareja, por el temor al abandono y pueden llegar a abandonar para evitar ser abandonados.

2 Humillación

Es muy frecuente que los padres o adultos, sin darse cuenta y por desconocimiento, desaprueben, critiquen e incluso expongan los problemas del niño frente a los demás. Estas conductas no sólo los estigmatizan, los etiquetan (eres torpe, eres conflictivo, eres problemático, etc ), sino que además destruyen su autoestima.

Estas humillaciones además pueden provenir de los pares, lo que se conoce como bullying, y el daño emocional es muy grande.

En respuesta a todo ello, puede formarse una personalidad dependiente, egoísta y que humilla a los demás como mecanismo de defensa, para evitar ser humillado.

3 Traición y desconfianza

Este trauma suele generarse cuando los adultos cercanos al niño no cumplen de forma reiterada, las promesas que les hacen. Esto lleva a que se sienta engañado, traicionado y se genere en él una gran desconfianza o sentimiento negativo de no sentirse digno de aquello prometido. Los adultos que han sido traicionados en su confianza durante la niñez, suelen ser inseguros y miedosos.

4 Temor al rechazo

Este trauma suele originarse cuando los padres o adultos a cargo rechazan al niño por diversos motivos (embarazo no deseado, alguna discapacidad, etc). Esta dolorosa herida imposibilita la construcción de la autoestima.

El niño que es rechazado, no se siente digno del afecto y ello lo lleva a aislarse, a descalificarse a sí mismo. De adultos estos niños serán personas que tendrán la sensación de que hagan lo que hagan, nunca será suficiente para satisfacer a los demás.

5 Temor a lo desconocido

Muchas veces los adultos subestiman los miedos del niño alentándole a enfrentar aquello a lo que le teme, pero sin tenerle paciencia y calificándole de cobarde o miedoso si no lo hace. Este trauma genera individuos inseguros, temerosos y resistentes al cambio o a lo diferente.

6 La injusticia

El niño posee desde la más tierna infancia la capacidad de evaluar qué es justo y qué no lo es. Los adultos que han vivido situaciones de injusticia reiterada durante su infancia, suelen ser inseguros y desconfiados.

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