Adopción de parejas gay
Foto cortesía de daddytimestwo

La adopción por parte de parejas del mismo sexo es, junto con el reconocimiento de sus derechos legales como pareja, uno de los principales objetivos de los movimientos homosexuales del mundo.

Por el momento, son pocos los países donde se permite: Holanda, Suecia, Gran Bretaña, Uruguay (primer país de Latinoamérica donde se aprobó), algunos estados de los Estados Unidos y la comunidad de Cataluña en España.

En el mundo si bien hay países donde se ha legalizado el matrimonio (Bélgica, por ejemplo) o reconocido los derechos de las parejas (Finlandia, Dinamarca, Alemania, Noruega e Islandia) no está permitida la adopción por parte de parejas homosexuales.

Donde la adopción es legal no hay niños para adoptar

Paradójicamente, habiendo tantos niños huérfanos en el mundo, en los países donde la adopción por parte de las parejas homosexuales es legal, hay muy pocos niños candidatos para ser adoptados y los que hay no aceptan que los adopten gays.

En Suecia, por ejemplo, donde desde el 2003 está legalizada la adopción por parte de homosexuales, la mayoría de los niños adoptables provienen del extranjero. Igual sucede en Holanda, que a partir del 2002 permitió la adopción, pero solamente de niños holandeses, lo que en los hechos prácticamente no sucede, porque la mayoría provienen del exterior.

El problema es que a la hora de la adopción, las parejas homosexuales están en franca desventaja numérica en relación a las parejas heterosexuales, e incluso ante las personas solas que desean adoptar.

Homosexualidad ≠ Enfermedad

La Asociación de Psiquiatría de los Estados Unidos en 1973 y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1974, establecieron que la homosexualidad no es una enfermedad mental.

Siguiendo esta línea, lo más importante para establecer si alguien puede o no realizar una adopción, será evaluar su salud mental. Ya que tanto los homosexuales como los heterosexuales pueden padecer desequilibrios mentales que los incapaciten para adoptar. Así es que la cuestión no radica en el sexo, sino en equilibrio mental de la pareja, ya que hay respetables matrimonios heterosexuales donde ambos o alguno de sus miembros son violentos, pedófilos, abusadores sexuales, etc.

Para adoptar es necesario que las personas sean sanas mentalmente, estén dispuestas a dar amor, cuidado, a respetar y a ofrecer un proyecto de vida a un niño que no lo tiene. Y no todos los homo o los hetero, están aptos para ello, llevar adelante una paternidad responsable va más allá, trasciende la sexualidad. Por ello es preciso que quienes se dedican a investigar a los potenciales adoptantes, centren su diagnóstico en consideraciones desde lo profesional, lo científico y no basado en prejuicios o valoraciones personales segregacionistas y discriminantes.

Para dar amor y contención a un niño no es una condición excluyente ser heterosexual

La Academia de Pediatría de Estados Unidos (APP) en el 2002, después de realizar diversos estudios sobre los niños criados por parejas gays, donde se vio que su funcionamiento era tan bueno en lo cognitivo, emocional, psicosocial y psicosexual, como el de los criados por parejas heterosexuales, recomendó que se le diera marco legal a la adopción homosexual. Ya que no hay datos experimentales que demuestren la existencia de algún riesgo para los niños como consecuencia de criarse con una pareja homosexual.

Erica Hammermüller, pediatra argentina (primer país de América Latina donde recientemente se legalizó el matrimonio entre homosexuales), consultora de la Sociedad Americana de Pediatría, sobre este tema dice que desde una perspectiva psicosocial en tanto los niños sean criados en ambientes favorables, apropiados, no existirán riesgos. Lo fundamental es que sean criados con amor y que el resto de la familia acepte la situación, para que no exista discriminación dentro del grupo familiar.

En este mismo sentido Henny Bos, de la Escuela de Ciencias de la Educación de la Universidad de Amsterdam y Nanette Gasrell, de la Universidad de California, luego de estudiar por años los comportamientos de niños criados por parejas de lesbianas inseminadas artificialmente, llegaron a la conclusión de que no existían diferencias con los criados por parejas heterosexuales. Y según se publicó en la revista Pediatrics, los hijos de lesbianas demostraron mejor comportamiento social, académico y acatamiento a las normas y menos propensión a la violencia y agresividad que sus pares, hijos de matrimonios convencionales.

Según los expertos el debate sobre la adopción por parte de las parejas homosexuales debería centrase más en el rechazo social, en el estigma, en la discriminación que por parte de la sociedad pueden llegar a sufrir estos niños, que en la orientación sexual de los padres adoptantes. Ya que el matrimonio heterosexual es una construcción cultural y social, debido a lo cual las personas tienen estas concepciones tan íntimamente arraigadas que es muy difícil cambiar y ampliar su mentalidad. Cuando una mujer cría a un hijo sola, eso no quiere decir que lo esté haciendo sin un padre, ya que la figura paterna siempre se ubica en algún lado (un abuelo, un tío). Por lo tanto, un hijo de una pareja homosexual, lo que precisa es que existan simbólicamente las figuras de papá y mamá, que por otra parte son construcciones culturales, sociales históricamente establecidas. ¿Qué diferencia habría entre un niño criado por dos lesbianas y uno criado por una madre y una abuela? Probablemente solamente el estigma de la homosexualidad.

Conclusión

En estos tiempos la concepción de familia tradicional ha cambiado y existen nuevas modalidades de familia, los hogares tradicionales están dando paso a familias monoparentales (uno solo de los padres con sus hijos), familias ensambladas (los tuyos, los míos y los nuestros) y también, por qué no, familias cuyos padres son gays.
Así como todos estos nuevos formatos de familia salen adelante con éxito, también las familias de parejas homosexuales pueden ser muy exitosas en la crianza de sus hijos. Y ello no depende del sexo de sus padres, sino del amor y de la capacidad de entrega y contención que puedan brindarle a ese niño.
Cuántos casos hay de hijos de parejas heterosexuales que son maltratados, abusados, abandonados, etc. En estos casos siempre debe primar el interés superior del niño y eso es lo que deberían evaluar los expertos, los que deciden sobre estas temáticas, los que legislan y los que otorgan a los niños en adopción. Ya que lo fundamental es darle una familia a un niño que no la tiene y no simplemente un niño a personas que egoístamente quieren satisfacerse con un hijo. Y esto no es una cuestión de género, sino de ser o no buenas personas, de tener la capacidad o no de dar amor, en definitiva de ser o no buenos padres.

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