Errores comunes que los padres cometen con los niños en edad preescolar

Los niños en edad preescolar juegan con su independencia (poder moverse por sí mismos, alcanzar objetos, trepar, comer solos, etc.), pero a su vez se regocijan con los cuidados y la atención que le brindan sus padres. Por un lado quieren hacer ellos solos y por otro demandan ayuda y en esa contradicción están todo el tiempo, desafiando los límites, la autoridad para ver hasta dónde pueden llegar.

Por ello, es importante que los padres tengan una conducta coherente que permita a sus hijos saber qué esperar de ellos. Sin embargo esto no siempre es así y hay algunos errores muy comunes que cometen los padres con sus hijos en edad preescolar.

  1. No ser claros con los límites y las rutinas

  2. La coherencia, la firmeza, son muy importantes en la educación de niños en edad preescolar. Si los padres no son claros y coherentes con los límites y las rutinas, esto confunde a los niños, los desconcierta, les da inseguridad puesto que no saben qué deben esperar. No entienden porque sus padres algunas veces los dejan hacer algunas cosas y otras no, por ejemplo: Porque ayer los dejaron jugar hasta tarde y hoy no, porque ayer fueron a la cama a las 10 y hoy deben hacerlo a las 9 y así sucesivamente con todo aquello que tenga relación con los niños. Es allí donde los preescolares se confunden ante el desconcierto que les produce la falta de coherencia de sus padres y comienzan con los berrinches, las rabietas.

    Cómo solucionarlo:
    La solución a este problema, es ser coherente la mayor parte del tiempo y en todos los ámbitos y los aspectos: A la hora de comer, de bañarse, de lavarse los dientes, de dormir, etc. Los niños necesitan rutinas y límites porque les brindan seguridad, certezas.

    Según Tanya Remer Altmann, pediatra y autora de “Llamadas mamá: Dra. Tanya respuestas de los padres Top 101 Preguntas sobre bebés y niños pequeños.” , si los padres son coherentes el 90% del tiempo, una pequeña excepción de vez en cuando se pueden permitir.

  3. Resaltar únicamente lo negativo

  4. Los padres con hijos preescolares muchas veces en la vorágine de sus obligaciones y la locura que representa en ciertas ocasiones tener a un pequeño en casa, se ven envueltos en el medio de rezongos, reproches, gritos y permanentes “no” a sus hijos. Habitualmente los padres y los adultos, en general, se centran y resaltan lo negativo de sus hijos, lo que no deberían hacer o decir, cómo no deberían comportarse y raramente rescatan lo positivo; las buenas acciones. Esto puede crear sin quererlo un estigma en el niño, quien está en plena etapa de aprendizaje y cuyo modelo a seguir son sus padres, de que todo lo que él hace está mal y de a poco va aprendiendo a él también destacar los aspectos negativos de los demás por sobre los positivos.

    Cómo solucionarlo:
    Tratar de no resaltar tanto los aspectos negativos e intentar hacerlo sólo cuando se trate de algo realmente importante y alabarlo cuando tiene buenos gestos, se porta bien, obedece. Recompensar estos comportamientos con las palabras y también desde lo físico con una demostración de afecto, con abrazo y un beso.

  5. No estar atentos a las señales de advertencia

  6. Muchas veces los padres intentan razonar, explicar y tranquilizar a sus hijos cuando ya se ha desatado el berrinche y esto es bastante difícil. En estos casos el niño no oye, no ve, no puede entender nada, está enojado, molesto.

    Cómo solucionarlo:
    Los padres son, generalmente, quienes mejor conocen a sus hijos por lo cual pueden anticipar las señales de advertencia que estos dan cuando están molestos, incómodos y se aproxima una rabieta. Por ello, la solución es estar atentos a estas señales, anticiparse y no exponer a los niños a situaciones en las que sabemos de antemano, se van a poner inquietos. Por ejemplo: No llevarlos a algún lugar si sabemos que están cansados, con sueño, o con hambre, ya que estas necesidades fisiológicas los desbordan y es obvio que se van a poner ingobernables.

  7. Sobrecargar al niño de actividades

  8. Actualmente está muy de moda sobrecargar al máximo la agenda de los niños con infinidad de actividades como ser: Idiomas, danza, música, natación, etc. Esto está bien puesto que se apuesta a ofrecerles herramientas para prepararlos para un mejor futuro. Sin embargo, los niños necesitan tiempo para el juego, para estar tranquilos. Muchas veces los padres en estos casos se preguntan:¿Por qué no se duerme si debe estar agotado? Pero el tema es que ir de un lado a otro, de una clase o actividad a otra, si bien cansa, también entrena y los niños se acostumbran, pero además necesitan un tiempo al llegar a su casa para jugar, encontrarse con su habitación, sus juguetes, sus cosas.

    Cómo solucionarlo:
    No llenar el día del niño de actividades extra curriculares, alternarlas y dejar algunos días horas libres para el juego, la diversión. Muchas veces los padres subestiman la importancia del juego, sin embargo, es con éste con el que el cerebro infantil se desarrolla mejor según Lawrence J. Cohen, psicóloga y autora de “Juguetón crianza de los hijos”.

  9. No dedicar tiempo a jugar con ellos

  10. Si bien los niños en edad preescolar pueden jugar solos y de hecho se entretienen mucho haciéndolo, es necesario que sus padres dediquen algo de tiempo a compartir con ellos el juego. Actualmente, las obligaciones, el trabajo, etc., dejan muy poco tiempo libre, pero no importa tanto la cantidad de tiempo sino más bien la calidad; si uno se sienta en el suelo unos 15 minutos junto a su hijo a armar algún juego de cubos, eso puede ser más que suficiente, si dedica ese tiempo exclusivamente a eso. Sin embargo, si se pasan horas haciendo como si se jugara con él, pero en realidad uno está pendiente de su celular, su correo electrónico, la televisión, etc., eso es cantidad de tiempo pero no calidad. Los niños necesitan que sus padres jueguen y les dediquen atención.

    Cómo solucionarlo:
    Tomar algo de tiempo diario para estar exclusivamente con los niños y dedicarse por entero a ellos, sin interrupciones ni distracciones de ningún tipo.

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