Durante el embarazo pueden aparecer algunas enfermedades hepáticas propias de esta etapa, las que aparecen con el parto y desaparecen tras él.

Enfermedades hepáticas en el embarazo

Las enfermedades hepáticas son poco frecuentes, pero en algunos casos pueden ser graves tanto para la mamá como para el bebé. Los síntomas que pueden manifestar este tipo de enfermedades hepáticas son variables según sea, pero pueden incluir:

  • Náuseas
  • Vómitos
  • Prurito generalizado
  • Ictericia
  • Dolor local en el costado superior derecho del abdomen.

El diagnóstico se realiza teniendo en cuenta el momento del embarazo en el que se presentan los síntomas, el resultado de las pruebas de laboratorio y de las complementarias (en general ecograma abdominal). Este tipo de enfermedades cursa con un incremento de las enzimas hepáticas: transaminasas, bilirrubina y fosfatasa alcalina.

Hiperemesis gravídica

Se trata de una patología propia del embarazo que se caracteriza por la presencia de náuseas y vómitos excesivos que causan deshidratación, desequilibrio metabólico y electrolítico y pérdida de peso. Suele aparecer en el primer trimestre del embarazo y con menor frecuencia en el segundo. Ocurre en 1 de cada 100 embarazos y es más común en mujeres primerizas, jóvenes y obesas.

El tratamiento consta de soporte nutricional e hídrico, y en casos graves alimentación por sonda nasogástricca. El cuadro suele resolverse, aproximadamente, antes de las 20 semanas de gestación y su pronóstico es bueno.

Preeclampsia y Eclampsia

La preclampsia se caracteriza por la presencia de hipertensión arterial en la gestante, hinchazón de las extremidades y proteinuria (excesiva pérdida de proteínas en la orina). Ocurre en entre 5 y 7 de cada 100 embarazos y se manifiesta hacia la semana 20 de gestación. La causa se desconoce, pero se sabe que hay factores de riesgo como la diabetes, la hipertensión, la edad avanzada, las gestaciones múltiples, que influyen.

Cuando la preclampsia evoluciona en eclampsia, el cuadro incluye convulsiones y pérdida del conocimiento durante la gestación. Los síntomas de afectación hepática pueden incluir dolor abdominal en el cuadrante superior derecho, náuseas, vómitos y en las formas más severas de la enfermedad puede haber rotura hepática. El tratamiento debe ser precoz. Las formas más leves pueden incluir reposo y medicación para bajar la presión arterial. Los casos más severos pueden requerir de hospitalización e incluso interrupción del embarazo, especialmente cuando el embarazo superó las 34 semanas.

Colestasis gravídica

Después de la hepatitis vírica aguda, la colestasis gravídica es la segunda causa de ictericia en el embarazo. Se asocia con factores genéticos, hormonales y geográficos. Aparece en mujeres de todas las edades y puede reaparecer en gestaciones posteriores.

Se caracteriza por un prurito que se manifiesta más intensamente en la noche y especialmente en la planta de las manos y los pies, aunque puede ser general. Puede haber ictericia y orinas de color oscuro. Con poca frecuencia, puede ir acompañado de dolor abdominal, náuseas y vómitos.

Suele presentarse en el tercer trimestre del embarazo, el pronóstico en la madre es bueno, aunque existe riesgo de parto prematuro y muerte fetal. El tratamiento se basa en la administración del fármaco ácido ursodesoxicólico y la inducción del parto luego de la semana 37.

Hígado graso agudo en el embarazo

Es una afección poco común pero muy grave para el bebé y la madre, que ocurre en el tercer trimestre del embarazo. Se caracteriza por una acumulación de grasa en el hígado y afecta con mayor frecuencia a mujeres jóvenes, primerizas y obsesas.

Los síntomas incluyen náuseas, vómitos, dolor en el cuadrante superior del abdomen, hipotensión, y cansancio, los cuales evolucionan a problemas graves como falla renal y de otros órganos. El tratamiento consta en la interrupción del embarazo.

Síndrome Hellp

Este síndrome es un cuadro potencialmente grave que en general requiere asistencia en cuidados intensivos. Ocurre entre un 4 y 12% de los embarazos con toxemia gravídica. Suele comenzar entre el segundo y el tercer trimestre, aunque en ocasiones puede aparecer en el postparto.

Los síntomas son parecidos a los de la preclampsia, se suman además anemia por rotura de glóbulos rojos, descenso en el recuento de plaquetas y elevación de las enzimas hepáticas.

Cuando la edad gestacional supera las 34 semanas o aparece fallo de varios órganos, debe interrumpirse el embarazo, puesto que hay riesgo de fallecimiento materno. Cuando el cuadro es grave y la edad gestacional es de menos de 34 semanas pueden administrase corticoides por 48 horas para acelerar la maduración de los pulmones del bebé e inducir el parto lo más próximo a la semana 34 que se pueda.

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