La placenta es la encargada de proporcionar alimento y oxígeno al bebé a través del cordón umbilical. En condiciones normales, la placenta crece en la parte superior del útero y queda en ese lugar hasta el nacimiento del bebé. En la última etapa del parto, la placenta se separa de la pared del útero y las contracciones contribuyen a empujarla hacia el canal del parto (expulsión de la placenta).

Pero en algunos casos surgen una serie de complicaciones en la que la placenta se adhiere a la pared del útero con mucha profundidad causando problemas como ser:

  • Placenta acreta: La placenta se adhiere con mucha profundidad y de manera muy firme al útero
  • Placenta increpa: La placenta se adhiere con más profundidad aún en la pared muscular del útero
  • Placenta percreta: La placenta se adhiere y crece a través del útero, extendiéndose en algunos casos a órganos próximos como por ejemplo la vejiga

En estos casos, la placenta no se desprende totalmente del útero luego del parto y puede causar sangrado peligroso. Estas complicaciones ocurren en, aproximadamente, 1 de cada 500 nacimientos.

Causas y factores de riesgo:

Se desconoce con exactitud cuál es la causa de la implantación anómala de la placenta. Sin embargo, se presenta, generalmente, en mujeres con placenta previa o en las que han tenido cesáreas o algún tipo de cirugía anterior en el útero.

Los factores de riesgo son:

  • Ser madre después de los 35 años
  • Alteraciones en el endometrio
  • Intervención quirúrgica previa en el útero
  • Placenta previa: Es el factor de riesgo más común, especialmente cuando la mujer tuvo un embarazo anterior en el cual el bebé nació por cesárea. Cuantas más cantidad de cesáreas más probabilidades de placenta accreta en una embarazada con placenta previa
  • Miomas submucosos
  • Multiparidad: El riesgo se incrementa con cada parto

Síntomas

  • Sangrado vaginal que ocurre en el tercer trimestre del embarazo
  • Hemorragia intensa en la zona de la inserción placentaria luego de una extracción forzada durante la cesárea
  • Imposibilidad de extracción manual completa de la placenta tras el parto

Complicaciones

  • Rotura del útero
  • Hemorragia vaginal intensa
  • Pérdida de la capacidad reproductiva, puesto que es preciso, en general, extirpar la placenta
  • Infección
  • Parto prematuro: La placenta accreta puede apresurar el parto
  • Mortalidad fetal: Es poco frecuente

Tratamiento

Cuando la placenta es diagnosticada durante el embarazo, el tratamiento consiste en el seguimiento cercano de la madre y la programación de una cesárea con histerectomía, alrededor de la semana 35 del embarazo, una ve que los pulmones del bebé estén lo suficientemente maduros.

En los últimos años se realizaron algunos estudios para comprobar la efectividad de un tratamiento conservador, que consiste en no extraer la placenta, ni realizar la histerectomía y dejar la placenta en el útero esperando que sea reabsorbida por el organismo y así preservar la fertilidad. Esto debe ser estudiado por el médico ateniendo cada caso en particular, teniendo en cuenta la edad de la paciente y tras características, como la cantidad de hijos, etc.

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