Defectos en el tubo neural

La detección precoz de cualquier anomalía en el desarrollo del feto, incrementa las posibilidades de revertir un diagnóstico adverso. La ingesta de ácido fólico en los meses previos al embarazo y durante el tiempo que indique el especialista, es fundamental para prevenir una enfermedad del tubo neuronal.

Debiéramos comenzar analizando qué es el tubo neural. Pues bien, este término hace referencia a las enfermedades que se presentan entre la médula espinal y el cerebro del feto. Son alteraciones en la formación que inciden en el desarrollo del bebé y que son producidas por el tubo o canal embrionario.

Dentro de las alteraciones más comunes, destacan las malformaciones cerebrales –donde el cráneo no completa su formación- y la conocida espina bífida, que es la incompleta formación y la ausencia de cierre de la columna vertebral y las vértebras que la componen.

Adicionalmente, un alto porcentaje de casos de bebés con exceso de liquido cerebral –o lo que más comúnmente se conoce como hidrocefalia- se deben a alteraciones del tubo neural.

¿Qué lo produce?

Como causa principal, la genética aporta un gran número de casos de estas anomalías. Adicionalmente, la exposición a los rayos x de las radiografías, la rubéola, la toxoplasmosis –presente en los alimentos crudos- y la falta de ácido fólico son los principales responsables de estas anomalías.

Diagnóstico

Entre la semana 14 y las 19 su médico especialista le indicará que debe realizarse una analítica concreta en la que se mide la “alfa-feto proteína”. Si los valores resultantes están por encima de los rangos normales, se realizará una ecografía complementaria para efectuar el diagnóstico.

Desarrollo

Los nacidos con este tipo de anomalías, presentan niveles de desarrollo diferentes, cuya evolución depende del grado de compromiso tanto de la corteza del cerebro como de la médula espinal.

Tratamiento

Para el caso de los nacidos con anencefalia no existe tratamiento y su tiempo de vida fuera de la madre no supera las primeras 24 horas al tratarse de un ser vivo que no ha desarrollado los hemisferios del cerebro y, por lo tanto, la supervivencia es inviable.

Sin embargo, la hidrocefalia tiene más posibilidades a través de una intervención quirúrgica por medio de la cual se insertará un catéter cuyo objetivo es drenar el exceso de líquido.

La espina bífida también se interviene quirúrgicamente y, salvo en los casos de compromiso de la médula espinal, los porcentajes de niños que se salvan y pueden llevar una vida normal son muy elevados. Conviene saber que, los casos con médula espinal afectada, dan como resultado personas con deficiencias en su motricidad, incontinencia y, en muchos casos, ausencia de movilidad de los miembros inferiores.

Prevención

No cabe ninguna duda que un diagnóstico de esta magnitud minimiza las expectativas de mejoría de nuestro hijo y sus posibilidades de llevar una vida normal. Sin embargo, los avances de la ciencia en materia de embarazo y gestación, han establecido unas pautas de acciones previas al nacimiento que se centran en la prevención de este tipo de malformaciones.

Una alimentación equilibrada

La ingesta de suplemento de ácido fólico durante el tiempo establecido por el médico especialista. Habitualmente un miligramo de ácido fólico que se comenzará a ingerir tres meses antes de quedar embarazada y que se mantendrá al menos, hasta el comienzo del tercer trimestre de embarazo.

Evidentemente, la eliminación del alcohol y el tabaco, son de obligado cumplimiento para garantizar un embarazo sano y el nacimiento de un hijo saludable.

Recomendaciones

No falte a sus controles médicos, recuerde que existe un momento determinado en el embarazo en el que la evaluación de las distintas complicaciones que puede presentar el feto es fundamental y, siga al pie de la letra, las indicaciones del especialista.

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