Los berrinches
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Los berrinches o rabietas (tirarse al piso, llorar, gritar, patalear) son reacciones emocionales descontroladas (propias de la inmadurez emocional del desarrollo evolutivo) ante la frustración de los deseos del bebé o del niño pequeño. Ellos no comprenden porque no se cumplen sus deseos, pero saben cómo hacer para obtener lo que quieren. Comportándose desafiantes, haciendo una escena, un berrinche. Esta es la manera que encuentran para llamar la atención, para exteriorizar el enojo que les produce no poder hacer lo que les place.

Por qué aparecen los berrinches

Que los bebés y los niños pequeños pidan, exijan, demanden de todo, todo el tiempo, es totalmente normal. La falta de obediencia, de límites, la rebeldía, el desafiar la autoridad y no respetar las reglas, también lo es.

Las normas y las reglas son pautas culturales aprendidas, no innatas. Y es precisamente tarea de los padres (el primer agente de socialización), poner los límites correspondientes y decir los ”No” necesarios para que crezcan sanos y seguros. En este proceso, los niños muchas veces ven frustrados sus intereses, y lo demuestran mediante un berrinche. Esto es normal y sano, pero los padres tienen que manejarlo, para que no se convierta en una conducta habitual a través de la cual el niño manipule a los adultos para conseguir siempre lo que quiere.

Los padres nunca dudan a poner el límite cuando está en riesgo la integridad de su hijo (cuando quiere tocar un enchufe, cruzar la calle, etc.). En cambio ante otras situaciones, les resulta difícil decir “NO” y se ponen vacilantes. Es ahí cuando el bebé o el niño, toma los puntos y aparecen los enojos, las rabietas y los berrinches, como forma de convencimiento.

Lo importante es entender que los límites podrán enojar muchísimo al bebé o al niño, ponerlo furioso y ser desencadenantes de un berrinche.

Pero es una demostración de amor. Es la manera de protegerlo de los inminentes peligros del entorno. Y de enseñarle a manejar sus frustraciones. Enseñarle que en el mundo hay normas, reglas que deben respetarse y que no siempre uno puede hacer, ni tener todo lo que quiere. Para el bebé y el niño pequeño, el mundo no tiene límites, ni fronteras; todo es posible. Y los padres, primero, la escuela y la sociedad, después, deben enseñarle que no es así. Poner límites claros y ser firmes durante los primeros años de vida del bebé, es una apuesta al futuro. Un niño que no conoce límites, será un niño que sufrirá mucho al insertarse en un ámbito en el que haya reglas que respetar, porque tendrá baja tolerancia a la frustración.

A qué edad son frecuentes

Los berrinches y las rabietas se hacen más frecuentes, alrededor de los 2 años. Ahí el niño comienza a percibirse como una individualidad, distinto de sus padres y de quienes lo rodean.

Necesita autoafirmarse y para ello tiene que hacer su voluntad. Ocurre muchas veces además, que en esta etapa de permanente exploración, ellos están demasiado entretenidos descubriendo el mundo que los rodea y en ese afán investigador quieren ir más allá de los límites permitidos, incluso arriesgando su integridad física. También suele suceder, que no quieren dejar de jugar para, por ejemplo, ir a dormir o a comer. Quieren decidir por sí mismos y no aceptan ser contradichos o no ser complacidos a su antojo. Y ante la puesta de límites de los padres, la respuesta es un berrinche del bebé.

Existen casos, en que el llanto del bebé o del niño, manifestando su descontento (ante un golpe, un enojo, un susto, una molestia, una frustración), es tan fuerte e intenso, que queda sin respiración por unos segundos, se pone morado y, en algunos casos, pierde el conocimiento. Este cuadro recibe el nombre de espasmo del sollozo, le sucede al 5% de los niños sanos, aparece entre los 6 y 18 meses y desaparece alrededor de los 7 años. (1)

Resulta muy angustiante y preocupante para los padres, pero en general, son episodios inocuos. Lo principal, es calmar al bebé o al niño una vez que pasa el espasmo y no demostrar ni enojo, ni preocupación delante de él. Es fundamental establecer límites y reglas claras, al igual que frente al berrinche, para que no recurra al espasmo del sollozo como método para conseguir lo que quiere.

Algunos consejos para hacer frente a los berrinches

  • No cumplir con todos los deseos, pedidos u ocurrencias del niño
  • Poner límites claros. El límite es el primer ordenador en la vida del niño
  • Ser firme al poner el límite, nunca vacilar
  • El “NO”, debe mantenerse pase lo que pase, nunca cambiar de parecer ante la manipulación del niño
  • Ser coherentes en los mensajes y no contradecirse entre la mamá y el papá, al menos, en los puntos clave
  • Distraer al niño con otra cosa, llamando su atención con algo. Tal vez una caricia o alguna broma logren calmarlo y apartarlo del berrinche
  • Mantener la calma. Gritarle, enojarse sólo hará que empeore la conducta del niño
  • Si no es posible mantener la calma ante un berrinche, salir de la habitación en la que está el niño hasta tranquilizarse. Nunca recurrir al maltrato físico
  • Apartar al niño de la situación que le causó el llanto y hacerlo descansar hasta que se calme
  • Si el niño tiene edad de entender, es importante hablarle de lo sucedido e intentar que comprenda que no siempre se consigue todo lo que se quiere
  • Nunca darle una recompensa al niño por dejar de hacer un berrinche. Con ello lo único que se obtiene, es que aprenda a que las rabietas son un medio para obtener beneficios

Alrededor de los 4 años los niños logran comenzar a controlar su temperamento y sus emociones, en consecuencia los berrinches disminuyen progresivamente hasta desaparecer. Si esto no sucede, las rabietas ocurren con mucha frecuencia y son muy intensas, es probable que el niño tenga serios trastornos emocionales y lo mejor es consultar a un especialista.


(1) Fernández – Cuesta, Miguel Ángel. Web de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. Equipo de redactores de “Preguntas más frecuentes (de la A a la Z)”, Abril, 2003.

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