Mujer con test de embarazo

Recientemente la tenista Serena Williams confesó en las redes sociales que la compatibilidad entre la maternidad y su trabajo le estaban resultando muy difíciles. Esto pone sobre el tapete un tema que involucra a muchas mujeres que son madres y deben conjugar la vida familiar con la profesional, lo que significa todo un desafío extremadamente exigente.

Williams fue madre por primera vez a los 36 años el pasado septiembre de 2017 y luego de varios meses alejada de las canchas, volvió a la competencia. Sin embargo, recientemente se retiró de la Rogers Cup de Canadá por razones personales y posteriormente hizo públicas declaraciones en Instagram en las que explicó mejor lo que le sucede:

Sentía que no estaba siendo buena madre.

Entreno mucho y trato de ser la mejor atleta posible. Pero aunque he estado con ella todos los días de su vida, no estoy tanto como me gustaría. Entre quedarse en casa o trabajar, encontrar el equilibrio justo con los niños es un verdadero arte. Vosotras (las madres) sois las verdaderas heroínas.

En estos tiempos modernos en los que, afortunadamente, los padres se involucran de igual a igual en las tareas con los hijos, siguen apareciendo casos de mujeres exitosas e independientes a las que en algún momento de su maternidad las invade la culpa.

Tere Lozada, psiquiatra y psicoterapeuta mexicana dice sobre la culpa:

…no da opciones sabias de reparación, ya que tiene un componente inconsciente y la urgencia de deshacernos de esa emoción perturbadora.

El manejo de la maternidad y la culpa, ya sea por sentir que no se hace lo suficiente, que no se hace bien o que no se está el tiempo necesario, es un reto que todas las madres deben afrontar y superar. Es importante saber que existen muchas que trabajan, están pocas horas con sus hijos y el tiempo que están con ellos es de calidad y se entregan a pleno. En tanto otras, por el desgaste físico y emocional que implica estar a disposición las 24 horas, no logran en ningún momento del día ese espacio de calidad. Encontrar el equilibrio no es fácil y es lo que se busca en este, como en otros tantos aspectos de la vida.

Por qué la culpa afecta más a las mujeres que a los hombres

Las mujeres han sido criadas y educadas para servir, para cuidar, atender y dedicarse por completo al cuidado de los hijos y la familia. Si bien en las sociedades modernas estas cosas se están reviviendo y re ordenando los roles, estos cambios llevan un proceso largo de tiempo. La cultura patriarcal está tan arraigada, que muchas veces somos las mismas mujeres, sin necesidad de que ningún hombre diga nada, las que nos cargamos la culpa por no cumplir con lo que se supone se espera de nosotras. E incluso juzgamos con mucha liviandad a otras madres por no actuar como se supone deberían.

La pediatra española Lucía Galán, autora del libro “Eres una madre maravillosa” de editorial Planeta, dice al respecto:

Las mujeres pecamos de echarnos todo a la espalda y cargarte la mochila, querer hacerlo todo y esto tiene un coste. Asumimos todas las responsabilidades y tareas y creemos que podemos con todo porque somos madres.

El coordinador académico de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico, en Lima, Perú, Felipe Vergara señala:

Los padres tienden a vincularse en forma tardía, a diferencia de la madre que está vinculada desde la concepción con los hijos, por lo tanto la culpa masculina más bien se manifiesta como frustración respecto de los esfuerzos que han realizado para conseguir tal o cual objetivo en la crianza, a diferencia de lo femenino, en donde la culpa se manifiesta con mayor angustia respecto del vínculo o relación con los hijos y se recrimina por no estar lo suficientemente presente.

Vergara recomienda utilizar la culpa como una oportunidad para modificar aquello con lo que no nos sentimos a gusto como padres:

La culpa puede representar una instancia de vulnerabilidad en la cual existe la posibilidad de revisar nuestro actuar, integrar los aspectos que nos causan ruido como padres en la crianza y eventualmente definir un espacio reparatorio, tanto para con nosotros mismos como también para con nuestra familia. Esto quiere decir que efectivamente si hay culpa en relación a la crianza, como padres podemos revisar nuestras expectativas respecto de nosotros mismos y evidenciar qué elementos corresponden a nuestra propia autoexigencia y qué elementos corresponden a un proceso individual de los hijos y que deberemos acompañar más que imponer.

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