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En el amor vale todo”, se suele decir con frecuencia cuando se trata de luchar por el amor de tu vida. Estar detrás de esa persona que te interesa, a pesar de que todo se ponga en contra tuyo, muchas veces es un acto digno de admiración. Pero ¿en qué momento cruzamos la delgada línea que existe entre el cortejo y el acoso? Atentos a estas diferencias.

Cortejo

En el cortejo, el hombre respeta las decisiones de la mujer porque lo que desea es que ella se sienta cómoda con él.

Un cumplido nunca está de más, siempre y cuando sea de manera respetuosa y alejado del ámbito sexual o sexista.

Preguntar antes de actuar. Esto es muy importante porque es señal de que al hombre le importa mucho la comodidad y bienestar de su compañera. Aunque suene algo anticuado, es mejor hacer preguntas del tipo “¿Puedo tomarte la mano?”, antes de hacerlo sin previo aviso y ella se sienta invadida.

El hombre se adapta al ritmo de la mujer. Una pareja puede ir muy lento o muy rápido en una relación, pero ese tiempo siempre será impuesto por la mujer y quien la respeta se adaptará sin problema alguno.

No es no. Es importante entender cuando alguien no desea ser cortejada, a pesar de lo que se dice, en este punto no hay medias tintas. No existe un “no” disfrazado de un “sí”.

Alguien que corteja sabe darse cuenta de las señales de rechazo y su nivel de educación le permite hacerse a un lado cuando sabe que, a pesar de sus virtudes, no es correspondido por el objeto de su afecto.

Acoso

El acosador no respeta las decisiones de la mujer, no le interesa su comodidad ni su opinión. No entiende de negativas. Se encierra en su necedad de tratar de obligar a alguien a que corresponda a su afecto. muchas veces la mujer comete el error de acceder a sus peticiones por hartazgo o por algún chantaje.

Sus halagos siempre van disfrazados de un doble sentido de contenido sexual, haciendo referencia a alguna parte del cuerpo de la mujer. Puede ser considerado bullying psicologico.

Suele invadir el espacio privado de la mujer a través de tocamientos o roces en los brazos, muslos o cintura, sin interesarle la incomodidad que genera con su accionar.

Es impaciente, presiona con los tiempos. Es alguien apresurado y muy deseoso de iniciar una relación sin el debido respeto al tiempo que necesita la mujer. Un ejemplo de ello es el acoso en el trabajo.

Se muestra muy egoísta con los sentimientos de la otra persona. Solo importan sus sentimientos y su comodidad. Le interesa poco la opinión de su compañera.

No acepta un “no” como respuesta. Ante la negativa de una mujer, su frustración influye en su comportamiento tornándose violento y perturbando la paz del objeto de su afecto Se muestra convencido de que insistiendo una y otra vez, ella le dará al fin una respuesta positiva. Lamentablemente, en muchos casos es así y la mujer termina accediendo por cansancio y hartazgo.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, sabrás si estas yendo por el camino correcto o por el equivocado.

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