Lactancia del bebé

Algo que preocupa mucho a la mujer durante la lactancia es la repercusión que puedan estar teniendo los fármacos que consume sobre su hijo. Por eso es importante dejar claras algunas cuestiones:

La toma de medicamentos en este período debe estar más restringida en comparación con otros momentos de la vida de la mujer, y para cumplir esta premisa los médicos sólo indican lo absolutamente necesario. Esta limitación debe ser más estricta aún durante las primeras semanas de lactancia.

La automedicación, que es peligrosa en cualquier momento de la vida y en cualquier persona, adquiere mayor peligro aquí. La forma de evitarlo es seguir fielmente los pasos y prescripciones del facultativo, y consultar con él cualquier iniciativa o intención de tomar una sustancia nueva. Podemos citar una serie de medicamentos, que por sus características se consideran más seguros en estas condiciones:

Fármacos que pasan muy poco a la leche materna

Cefalosporinas, digoxina, propranolol, verapamil y otros que no pasan en absoluto: Heparina, insulina, warfarina. A ellos debemos añadir los antiácidos y la Nistatina que, al no ser absorbibles por la madre tampoco pasarán a la leche.

Los Aminoglucósidos, la adrenalina y la noradrenalina, sí los absorbe la madre, y pasan a la leche, pero no son absorbidos vía oral por el bebé. Y para acabar, el último grupo de fármacos especialmente seguros en la lactancia son aquellos que no han originado hasta el día de hoy reacciones adversas después de un amplio uso: Acido fólico, anticonceptivos orales, antidepresivos tricíclicos, macrólidos, metoclopramida y paracetamol.

Vías de administración

También puede surgir la duda de emplear una vía de administración u otra. Pues bien, la preferida será la tópica (a través de la piel). El momento mejor para dar el pecho es cuando el nivel de fármaco en sangre sea más bajo, es decir, en el momento previo a la administración de otra nueva dosis.

La madre deberá tomar el fármaco justo antes del sueño más largo, y también es recomendable sustituir la leche materna por suplementos en los períodos de máxima concentración del fármaco. Esto último presenta el problema de que el niño puede acostumbrarse al biberón, que es de succión más fácil.

Sobre todo lo anterior, añadir algo que puede pasarse por alto pese a lo evidente que parece, pero que está en la base de la prevención:

La vigilancia del lactante para descubrir precozmente cualquier efecto adverso que un medicamento le pueda estar ocasionando.

Fármacos contraindicados

En la otra cara de la moneda, los fármacos que están contraindicados, son aquellos que:

  • Presentan reacciones adversas descritas en el lactante
  • Inhiben la secreción láctea materna (como Bromocriptina)
  • Los que puedan generar anemia hemolítica (Nitrofurantoina, algunas sulfonamidas)
  • La Amiodarona, betabloqueantes o isoniazida, no están contraindicados pero se deben usar con precaución, bien porque se posee todavía poca información, o bien porque el fármaco alcanza picos de concentración altos y aunque no se hayan descrito reacciones adversas si se conoce que pasan a leche materna y a sangre del niño

En última instancia, y para concluir, debemos repetir que es el médico quien debe guiar los pasos de una correcta actuación terapéutica. La lactancia materna es un período peculiar, y teniendo en cuenta la especial sensibilidad del bebé, solo es necesario adaptarse adecuadamente a sus circunstancias. Por lo demás, nada que temer.

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