Diarrea niños
En caso de diarrea aguda infantil, ¿Sabe usted que hacer?
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La diarrea crónica se define como el aumento de volumen, de la frecuencia y de la cantidad de agua (con la consecuente disminución de la consistencia) de las heces de más de dos semanas de evolución. Se diferencia de la diarrea aguda por el tiempo de evolución, ya que esta última siempre durará menos de dos semanas.

Es frecuente que esté relacionada con situaciones de mala digestión o malabsorción.

Causas más frecuentes:

Según la edad las causas más frecuente de diarrea crónica son:

  1. De 0 a 6 meses
  • Malabsorción de carbohidratos
  • Intolerancia a las proteínas de la leche de vaca
  • Déficit congénito de lactosa
  • Síndrome postenteritis
  • Entesopatía autoinmune
  • De 6-12 meses
    • Intolerancia a las proteínas de la leche
    • Síndrome postenteritis
    • Diarrea crónica inespecífica o funcional
    • Enfermedad celíaca
  • Más de 1 año
    • Diarrea crónica inespecífica
    • Síndrome postenteritis
    • Enfermedad celíaca
    • Infección por giardia lamblia u otras parasitosis
    • Fibrosis quística
    • Tumor secretor

    Clínica:

    El síntoma principal es la evacuación diarreica de las heces, las cuales presentarán determinadas características según la causa:

    • Olor fuerte o agrio, explosivas y líquidas: Por intolerancia a azúcares
    • Brillantes, en gran cantidad, fétidas y que además flotan (indica esteatorrea): En la enfermedad celíaca. Si además presenta grasa visible es probable que se trate de una insuficiencia exocrina del páncreas
    • Pequeñas, con moco, frecuentes y con necesidad imperiosa de ir al baño (tenesmo): En patología del colon distal. Y si se asocia a sangre fresca estaremos ante causas infecciosas/parasitarias y colitis ulcerosa
    • Si no cede ante el ayuno, además de ser líquida y abundante, indica diarrea secretora
    • Cuando ocurren más por la noche es sugestivo de enfermedad inflamatoria intestinal
    • Por último, las que empeoran a lo largo del día pero que no se dan por la noche, que presentan restos vegetales sin digerir, moco y alternan episodios de diarrea, normalidad y estreñimiento: Diarrea funcional

    Exploración física:

    En la diarrea de bebés, así como en cualquier exploración pediátrica, es importante obtener las medidas antropométricas, es decir, el peso, la talla, perímetro craneal, pliegues cutáneos y perímetro braquial.
    Siempre se debe mirar el estado general del niño, grado de hidratación, coloración de piel, mucosas y presencia de edemas (acumulación de líquidos en espacio intersticial o intercelular).
    También es importante buscar lesiones mucocutáneas (aftas, acrodermatitis), rasgos atópicos, fenotipo característico (para algunos síndromes diarreicos), distensión abdominal, ruidos intestinales, dolor a la palpación, masas abdominales, fisuras y fístulas anales, dedos en palillos de tambor (típico de fibrosis quística).

    Pruebas complementarias:

    1. Análisis de heces (buscando malabsorción de proteínas, grasas), cultivo de heces (coprocultivo)y cribado de azúcares
    2. Estudio orientado (cuando hay una sospecha diagnóstica): Anticuerpos IGA para enfermedad celiaca; reactantes de fase aguda (enfermedad inflamatoria intestinal); RAST o ELISA específicos (alergia alimentaria), etc.
    3. Específicas de confirmación – test de hidrógeno espirado (malabsorción de lactosa); test del sudor (fibrosis quística); biopsia intestino delgado (enfermedad celiaca); colonoscopia (enfermedad inflamatoria intestinal)

    Tratamiento:

    Hay que tratar la causa desencadenante y los síntomas. Es fundamental considerar el grado de hidratación del bebé y tomar las medidas necesarias para evitar la deshidratación.
    También es importante valorar frente a la diarrea en niños, la posible afectación nutricional, signos y síntomas de alarma orientativos de causas específicas.
    Es improbable que haya síndrome de malabsorción, cuando no hay alteración en el crecimiento.
    La diarrea crónica funcional o inespecífica, es la más frecuente en la infancia. Aquí no hay déficit nutricional y no necesita tratamiento, ya que es autolimitada (se corta sola).
    Cuando hay intolerancia a la proteína de la leche de vaca, latosa y otros azúcares son necesarias las intervenciones nutricionales.

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