Nuevas tendencias en el tratamiento del autismo

Según un informe publicado recientemente en la revista Pediatrics en el que Zachary Warren (director de la Clínica de Autismo de la Vanderbilt University, Nashville) y un grupo de colegas investigadores hacen una revisión sobre la información publicada en los últimos 10 años acerca de la efectividad de los distintos tratamientos farmacológicos y terapéuticos en niños con autismo, el primero no parece haber dado muy buenos resultados mientras que el segundo, las intervenciones conductuales tempranas, parecen ayudar mucho.

La gran mayoría de los tratamientos para el autismo, no cuenta con pruebas científicas que garanticen su beneficio.

En los Estados Unidos, aproximadamente, el 1% de los niños padece algún trastorno del espectro autista (TEA), autismo o síndrome de Asperger, y la mayor parte de ellos, recibe intervención temprana con terapia conductual, mientras otros tratamientos farmacológicos a los largo de su crecimiento.

Según los investigadores que han examinado pruebas al respecto de la administración de fármacos en pacientes autistas, medicación como la secretina (hormona que se indica para el tratamiento de úlceras de estómago) no mejora ninguno de los síntomas del autismo: Ni el lenguaje, ni las capacidades cognitivas, así lo demostraron las conclusiones de 7 estudios analizados. Y antidepresivos como Celexa, Prozac, el estimulante Ritalin o las drogas como Risperidona o Aripiprazol utilizadas para tratar la hiperactividad, tampoco. Warren y su equipo encontró alguna evidencia de que el Abilify y el Abilify disminuían las conductas repetitivas, pero como demostraron tener efectos secundarios negativos como ser somnolencia y temblores musculares, los investigadores no aconsejan su prescripción.

Teniendo en cuenta esto y que en los Estados Unidos según datos de “Seattle Children´s Autism Center”, el 70% de los niños con diagnóstico de trastorno del espectro autista recibe algún tipo de tratamiento farmacológico, parecería que hubiera un exceso de medicación.

El equipo de investigación halló también, que los niños autistas que recibieron terapia conductual, al menos 25 horas semanales, hicieron moderadas e importantes mejoras en sus habilidades sociales y en el idioma. Si bien los estudios referentes a las intervenciones terapéuticas son pocos o carecen del rigor científico necesario, todo parecería indicar que la intervención temprana (así lo halló un estudio hecho por investigadores del Instituto Kennedy Krieger, de Baltimore) y las terapias conductuales mejoran tanto las habilidades sociales, las capacidades cognitivas y el lenguaje (principales síntomas del TEA).

De todas maneras, los investigadores concuerdan en que son necesarios estudios muchos más profundos para poder especificar modelos de intervención que se basen en evidencia.

El doctor Bryan King, director del “Seattle Children’s Autism Center” sostiene que es necesario duplicar los esfuerzos para llegar a pruebas irrefutables de las alternativas terapéuticas existentes para tratar el autismo.

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