Educar en valores

Dentro de esta pregunta, sencilla de formular, pero compleja de responder y sobre todo de lograr, se encierra el secreto de la educación perfecta. Dorado perseguido por todos los padres, primero por una cuestión de garantizar la felicidad eterna a sus hijos y, después, porque lograrlo, sería un gran triunfo vital en términos de paternidad.

Estamos inmersos en un cambio global, intrínseca relación entre el funcionamiento de las economías, la organización social y los valores inherentes a los seres humanos con el proceso formativo de los más pequeños… las futuras generaciones que transitarán por…lo que resulte de este cambio de ciclo.

La responsabilidad, clave de una vida sana y equilibrada

Uno de los primeros pasos que debemos dar para enseñar a nuestros hijos el valor de la responsabilidad es… ser responsables.

No cabe ninguna duda, que los niños son esponjas que absorben todo lo que les rodea. Es durante la niñez y la adolescencia –en menor medida- donde se produce la mayor apertura al conocimiento, el mayor grado de absorción de los estímulos que les rodean, por lo que la transmisión que hagamos, el ejemplo que demos, marcará las pautas del tipo de personas en las que se convertirán nuestros hijos.

Como toda empresa o actividad emprendedora a la que nos enfrentemos, lograr que nuestros hijos sean responsables, es una labor de largo plazo, sustentada y sostenida bajo el prisma de la constancia, la perseverancia y… el ejemplo.

Frustraciones propias y mundo exterior

Una vez establecido que el ejemplo es la premisa básica de la que partir, debemos lidiar con nuestras propias frustraciones, es la segunda fase del proceso y, una de las más importantes. Es conveniente tener muy presente que las frustraciones propias se transmiten de forma inconsciente por lo que se debe prestar mucha atención a la consecuencia y concordancia de nuestros actos y nuestros discursos si pretendemos establecer una pauta de conducta perdurable en nuestros hijos.

Dicotomía entre los actos y los discursos

Entramos más de lleno en esta segunda recomendación. Complejo procedimiento en el que el tipo de valores que queremos transmitir para conformar seres responsables y proactivos, en contraposición con lo que transmitimos en nuestro actuar, en nuestra respuesta frente a los envites de la vida, en nuestro proyecto de vida, debe encontrar el punto de equilibrio y, es aquí, donde se produce la retroalimentación educativa.

No es una labor unidireccional la educación de los hijos, debe estar abierto y ser consciente que sus hijos le van alimentando a usted, le van exigiendo que sea consecuente y comprometido no solo en sus expectativas y exigencias formativas, sino también con usted mismo.

Como padres, es fundamental ser concientes que la responsabilidad, es un valor que se adquiere por imitación, fundamentalmente, por tener un ejemplo que seguir.

Ética y compromiso, claves de la responsabilidad

“Primero la obligación y después la devoción”, solía repetir mi abuelo –fallecido hace años- cuando yo era niña… y, si bien es cierto que como todo niño, me costaba seguir dicha máxima, es bien cierto también que él, cumplió cada día con sus obligaciones durante 14 horas al día durante toda su vida antes que con sus devociones. Su ejemplo se convirtió en una compañía en cada paso que he dado en mi vida y, sin duda, fue su capacidad de esfuerzo y su grado de compromiso lo que se marcó a fuego en mi esencia… mucho más que sus palabras y discursos.

Ahí está la clave: Las acciones que usted lleva a cabo y su comportamiento constante, es lo que construye el surco neuronal en sus hijos

Conclusiones

Como todo ser humano el “lado oscuro” también atrae a los niños. La procrastinación del adulto, es flojera en la niñez. La falta de responsabilidad en el adulto, es permisividad en la niñez. La ausencia de compromiso y respeto, es arbitrariedad en la niñez.

Los niños son muy veloces y también les atrae el lado oscuro, si quiere dejarles una buena herencia… sea consecuente, transmita un ejemplo y una forma de vida basada en la responsabilidad, la productividad, la honestidad y el compromiso. Únicamente con estos valores, se puede enfrentar cualquier escenario que se presente en la vida incrementando las posibilidades de salir con éxito… ¿Qué más podemos desear los padres para nuestros hijos?

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