Alcohol durante el embarazo

Cuántas veces se ha escuchado a las madres decir: ¿por qué a mí?, ante la enfermedad de un hijo al nacer. La respuesta a esta pregunta, para una mujer que bebió estando embarazada es clara: por no haber dejado de beber. El alcohol y el embarazo no son compatibles. El alcohol es una de las principales causas, prevenibles, de deficiencias físicas y mentales congénitas.

El consumo de alcohol en el embarazo es perjudicial para la salud del bebé y produce daños irreversibles. Los hijos de madres que consumen importantes cantidades de alcohol antes y durante el embarazo, son más propensos a padecer el síndrome alcohólico fetal (SAF) -la consecuencia más grave del consumo-, un 40 % de estos bebés lo presentan. O pueden manifestar algún tipo de trastorno relacionado con el alcohol (efectos alcohólicos fetales: EAF). Aproximadamente 40.000 bebés nacen anualmente con algún problema asociado al alcohol.

El Síndrome alcohólico fetal (SAF)

El síndrome alcohólico fetal es una conjunción de defectos físicos y mentales congénitos. Es una de las causas más frecuentes de retraso mental. Los bebés que nacen con este síndrome, presentan muy bajo peso al nacer, retraso en el crecimiento, en el desarrollo y disfunción orgánica (corazón).

Presentan anomalías faciales: ojos chiquitos, labio superior más delgado que lo habitual y el surco característico entre la nariz y la boca poco desarrollado. Además su cerebro es más pequeño y su forma anómala. Generalmente manifiestan falta de coordinación y de motricidad fina, problemas de concentración, emocionales y de conducta.

Efectos alcohólicos fetales (EAF)

En la mayoría de los casos, los bebés de madres consumidoras de alcohol, nacen con daños menores a los ocasionados por el SAF. Estos se denominan efectos alcohólicos fetales (EAF). Si bien los síntomas son muy similares, las probabilidades de retraso mental, por ejemplo, son mucho menores. Se estima que el número de bebés que padecen algún tipo de trastorno como consecuencia del alcoholismo de sus madres, es tres veces superior al de los que presentan el síndrome alcohólico fetal (SAF).

Cuánto alcohol es considerado demasiado

Hasta el momento no hay pruebas de que haya una cantidad de alcohol que se pueda considerar segura durante el embarazo. Por ello, la recomendación más acertada es abstenerse por completo de beber alcohol durante esta etapa, en la lactancia e incluso cuando se está buscando quedar embarazada. Ya que, generalmente, durante las primeras semanas se desconoce el embarazo, por lo cual se toma alcohol sin culpa.

Hay quienes dicen que sin llegar al extremo de que la madre sea una alcohólica embarazada, un vasito de cerveza no es dañino para el bebé. Y si bien hay estudios que indican que el alcohol que pondría en riesgo la salud del bebé, es el consumido en grandes cantidades en poco rato, así como la ingesta habitual.

Sin embargo, también existe riesgo para los bebés de madres que beben moderadamente, ya que el alcohol pasa directamente al feto a través de la placenta. Y debido a su pequeño tamaño, se metaboliza mucho más lentamente en su cuerpo que en el de un adulto. Las secuelas de elevadas concentraciones de alcohol en la sangre del bebé durante mucho tiempo, son daños físicos y mentales irreversibles.

Beber alcohol embarazada aumenta el peligro de aborto espontáneo y parto prematuro (antes de las 37 semanas) con las consecuencia que ello acarrea. También hay estudios que indican la probabilidad de que exista relación, entre el consumo de alcohol de la madre y el nacimiento sin vida del bebé.

Los efectos del síndrome alcohólico fetal (SAF) y de los efectos alcohólicos fetales (EAF) son irreversibles y para toda la vida. Aunque no exista retraso mental, los jóvenes y adultos con estas patologías, son más propensos a padecer trastornos psicológicos, problemas para ser independientes, autónomos y, en extremo, comportamientos delictivos.

Los efectos del alcohol en el bebé, tanto del síndrome alcohólico fetal (SAF) como de los efectos alcohólicos fetales (EAF), son irreversibles pero absolutamente evitables. Y la única persona que puede prevenirlos es la madre. Muchas veces las madres son impotentes frente a ciertos problemas de salud de sus hijos, sienten que sus manos están atadas y que nada pueden hacer al respecto. En este caso, sin embargo, sólo en sus manos está la solución; el condenarlos o preservarlos de sufrir consecuencias negativas para toda su vida.

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