Depresion

Resulta ciertamente complicado comenzar a reflexionar sobre la condición femenina, no, no somos seres simples. En términos generales las diferencias con el género masculino atienden principalmente al mundo emocional. No se pretende ensalzar el mundo emocional femenino utilizando el tan traído y llevado mito de la rudeza masculina, ni tampoco una oda al feminismo ya que el complemento perfecto de una mujer es, sin ninguna duda, un hombre.

La clave está en cómo las conductas aprendidas, heredadas y mimetizadas con el entorno nos van cargando de clichés y máscaras que nos ponemos para parecer, aparentar, disimular. Las mujeres habitualmente somos seres emocionales y, ciertamente la máquina compuesta por el cerebro en su más pura esencia racional y el corazón como materialización de las emociones, en ocasiones producen cortocircuitos difíciles de comprender para, principalmente los hombres. Sus mentes son sencillamente -y permitiéndome el juego de palabras sin que se adopte ninguna acepción peyorativa con el término- más simples. Su raciocinio y emociones funcionan bajo procedimientos más sencillos a la comprensión humana.

Adicionalmente, el gran conjunto de hormonas de ambos géneros que conviven en la mujer son responsables de cambios bruscos en el estado de ánimo que les confesamos, así en secreto, son incomprensibles para la propia mujer y, profundamente desequilibradores.

Términos como depresión, histeria y neurosis son utilizados comúnmente para definir los cambios bruscos de ánimo que sufrimos las mujeres en cuestión de minutos y, dejando a parte diagnósticos corroborados clínicamente y patologías certificadas, lo cierto es que la depresión, la histeria y la neurosis se ajustan a la perfección con la condición femenina cuyo término más adecuado podría ser bipolaridad.

No es que los hombres no sufran episodios anímicos que se ajusten a estos términos, sino que las manifestaciones son menos extremas, se producen con menor frecuencia y, responden a situaciones concretas.

La psicología de la condición femenina es un entramado complejo por el que los hombres, los hijos, los compañeros de trabajo y en general las personas que comparten diariamente con la mujer, transitan sin mucha comprensión pero con mucha paciencia.

Pongamos un ejemplo. Una mujer se despierta una mañana y, sin razón aparente después de haber pasado una jornada previa agradable y armónica, comienza a enfadarse, gritar y llorar por cualquier hecho insignificante acusando al resto de la familia de no esforzarse por comprenderla y de no importarles en absoluto sus necesidades.

Evidentemente la confusión reinante en el hogar es total, cómo entender que lo que era maravilloso horas antes ha pasado a ser terrible y completamente dramático.

Esta situación puede tener varios puntos de origen, siempre en términos generales y describiendo escenas de total cotidianidad.

Movimientos hormonales

No cabe ninguna duda y es un hecho probado científicamente que, los movimientos hormonales que se producen durante el ciclo menstrual, provocan en las mujeres alteraciones anímicas que no responden a situaciones concretas, únicamente el choque entre las hormonas masculinas- responsables de las capacidades racionales y operativas de las mujeres -y las hormonas femeninas- responsables de las emociones- chocan entre si, provocando un resultado muy difícil de explicar.

Incapacidad de expresar la realidad

Otro de los grandes hándicap a los que se enfrenta la condición femenina es esa conducta tan propia del género de decir lo contrario de lo que sentimos esperando que él – que debe esforzarse, conocernos y aceptarnos- sepa interpretar señales confusas y, en ocasiones, imposibles de adivinar.

Cualquiera de estos dos escenarios provoca lo que se conoce como “histeria femenina” y, en lugar de comenzar a destacar los mitos y realidades que la literatura ha creado en torno a este tema, es conveniente hacer una reflexión y una solicitud.

Mea culpa femenino

Una de los caminos principales por los que transitamos los seres humanos a lo largo de nuestra vida es el crecimiento, un crecimiento vital en el que el mundo emocional tiene un peso específico importante. Las mujeres debemos ser conscientes que, en ocasiones, nos comportamos como niñas malcriadas exigiendo y esperando que la persona que tenemos en frente sepa comprender, aceptar y darnos la razón en todo. ¿Qué haríamos nosotras si fuera él quien se comportara de esa forma tan poco madura? A partir de esta reflexión y teniendo en cuenta que nuestras hormonas y ciclos van a continuar formando parte de nosotras, sería conveniente establecer mecanismos que nos sustentaran y nos mantuvieran dentro de los márgenes de equilibrio, cuando se produce la explosión.

Ayuda real

Desde el punto de vista de “ellos” quienes principalmente sufren las consecuencias de nuestras hormonas peleando en nuestro interior, la mejor recomendación es… no infravalorar los sentimientos que provocan explosiones, no minimizar el impacto en la mujer de esos cambios de ánimo bruscos y reconocer que, si bien el momento precedente ella no lo tomó de esa forma, lo cierto es que la situación es tan ambigua que amerita tomarla desde diferentes perspectivas.

Bipolar, histérica, neurótica, desequilibrada… sin ninguna duda todas las mujeres en mayor o menor medida, tenemos comportamientos que responden a estos términos. La mayor parte del tiempo, la mujer es un ser completo que conjuga a la perfección situaciones como la maternidad, la vida de pareja y el ámbito profesional y que logra a lo largo de las 24 horas de cada día, establecer el equilibrio fundamental para ser productiva en todos los ámbitos descritos, ya sean emocionales o racionales y trabajando en ellos de forma simultánea.

La literatura de autoayuda otorga a la mujer el honor de ser responsable de la explosión de creatividad que construye a los “genios”, el amor, el sexo, la ternura y el aliento que una mujer otorga a su compañero, logran minimizar las inseguridades propias de la condición masculina y, en muchas ocasiones, es la fortaleza de la mujer la que ayuda al hombre a crecer.

Con todas estas premisas y hechos probados… la mejor conclusión para esta reflexión radica en asumir que las mujeres tienen dos cromosomas xx que conviven con la secreción de testosterona, hormona masculina y que son los responsables de esta contradicción. Pero también es cierto que los hombres cuentan con la composición xy, lo que informa de una capacidad potencial de entendimiento.

Las mujeres temporalmente histéricas, depresivas y neuróticas deben intentar minimizar el impacto de sus cambios de humor y, en la medida de lo posible realizar transmisiones más racionalizadas y, los hombres deben acudir a su cromosoma X cuando no sean capaces de entender nada, acercando posiciones y a través del diálogo, se podrá lograr la comprensión y el acercamiento.

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