No se recomienda el castigo físico para disciplinar a los niños

Aunque muchos piensen que el asunto de pegarle a los niños como castigo cuando hacen algo mal, quedó atrás, de acuerdo con un nuevo estudio publicado en Web MD, el castigo físico todavía se utiliza.

La investigación analizó familias de Dallas, Texas, las que se prestaron a ser grabadas durante interacciones con sus hijos. Así se descubrió, por ejemplo, que una mamá le pegó a su hijo por haber peleado con su hermano y que otra madre le pegó a su niño porque se negó a limpiar su habitación.

Lo curioso del caso es que el autor del estudio, George Holden, profesor de psicología, se propuso estudiar cuánto le gritaban las madres a sus hijos. Al descubrir que no les gritaban sino que les pegaban, decidió cambiar de enfoque.

Investigaciones anteriores respecto de las nalgadas o cachetadas indican que si ocurren con frecuencia pueden provocar un trauma para toda la vida.

En el año 2002, Associated Press publicó una investigación que la Universidad de Columbia realizó durante seis décadas respecto del castigo corporal. Los resultados vincularon a las nalgadas con diez comportamientos negativos como agresividad, comportamiento antisocial y problemas de salud mental. Esto significa que los azotes continuos pueden tener efectos negativos a largo plazo.

Reflexiones acerca de las nalgadas

  • Las nalgadas pueden detener el mal comportamiento del niño por un momento, pero luego de eso el niño volverá a actuar mal. ¿Por qué? Porque no se le explicó cómo es portarse bien
  • El niño es más propenso a recordar el castigo que el motivo por el que fue castigado
  • Si al niño se le pega cada vez que hace algo mal, él resolverá sus problemas en el futuro de la misma forma: golpeando. El niño debe aprender a expresarse y a dialogar, no a golpear cada vez que algo anda mal
  • Si los niños responden a los golpes es porque tienen miedo, no porque quieren hacer lo correcto

Conclusión

Hay muchas formas de disciplinar eficazmente a los niños sin necesidad de recurrir al castigo físico. Es cierto que los niños puedan resultar exasperantes y, en muchas ocasiones, pueden hacerle perder la paciencia a sus padres, sin embargo, tienen derecho a ser escuchados y a recibir una educación que les enseñe cómo es comportarse bien.

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