Maquillaje a cierta edad

El maquillaje es un arte sutil, gracias a sus técnicas y empleando los productos idóneos, pueden resaltarse los rasgos más atractivos de una persona, así como disimular sus imperfecciones, a la vez que se protege e hidrata la piel. Por ello, los criterios para su aplicación obedecen a necesidades estrictamente individuales, ya que las características varían de persona a persona, considerando aspectos como el color y la textura de la piel, la forma del rostro, la edad y la ocasión.

Precisamente el punto referente a la edad, suele prestarse a confusión, pues hay quienes piensan que el maquillaje puede ayudarles a disimular los signos del envejecimiento, y otros aseguran, que se logra el efecto contrario resaltando sin querer, las huellas que se pretenden ocultar o disimular. La clave como siempre, está en el equilibrio.

A medida que pasa el tiempo y la persona envejece, el proceso de renovación celular disminuye. La piel pierde la capacidad de conservar humedad y por ende firmeza, y la falta de estrógenos se refleja entre otras cosas, en pérdida de elasticidad. En la actualidad, existen gran cantidad de recursos para retardar y minimizar estos efectos, no obstante, en algún momento quedarán plasmados inevitablemente en la apariencia de la piel, cuyas áreas más expuestas son el rostro, el cuello y las manos.

De manera que, a la hora de maquillarse, la mujer de edad madura, debe considerar muy bien sus propias características físicas, prescindir de algunos productos y comenzar a incorporar otros que satisfagan las nuevas necesidades dérmicas y estéticas propias de su edad, y si no cuenta con una asesoría personalizada, le ayudará considerar algunos aspectos generales, que le sirvan de guía en cuanto a técnicas y tendencias actualizadas. Lo primero que puede hacer con excelentes resultados, es hidratar y nutrir la piel, pues la textura y brillo de una piel hidratada, refleja cuidados, salud y belleza. Los productos de maquillaje como bases y polvos, se sugieren de uno o dos tonos más claros que el tono natural, de consistencias ligeras y excelente calidad, para que sean absorbidas y logren un buen acabado.

En general, para el rostro se recomiendan colores neutros y que evoquen la naturaleza, como arenas, terracotas, ocres, naranjas y rosas, y de usarse polvo, que sea translúcido y aplicado con borla para que su distribución sea pareja y muy ligera. El cabello también requiere cuidados y ajustes especiales.

Los tintes deben ser uno o dos tonos más claros que el color original, ya que los tonos oscuros endurecen las facciones. Aplicar unos reflejos ilumina la apariencia y disminuye el contraste entre el cabello teñido y las canas. Una melena corta o por debajo de las orejas, es fácil de cuidar y otorga un estilo actualizado, fresco y ligero.

¿Qué evitar?

  • Los excesos: En cantidad, porque marcarán los surcos de la piel acentuándolos, y en tonos y colores, porque darán una apariencia recargada y artificial
  • Los colores oscuros en sombras: Dan un aspecto hundido y resaltan las ojeras
  • Lápices oscuros para las cejas: Es preferible hacer pequeños trazos café o grises oscuros
  • Sombras y polvos brillantes: Tienen la particularidad de resaltar la textura de la piel, y por ende, las arrugas y líneas de expresión
  • El rubor: De usarse, se sugieren tonos rosa pálidos y cuidar la zona de aplicación, ya que los rasgos han variado, sobre todo pómulos y mejillas
  • El delineador: La piel de los párpados tiene muchas micro-arrugas y se dificulta que este producto quede bien distribuido, es más fácil trazar una pequeña línea con lápiz
  • Labios delineados en tono más oscuros que el labial: Deben delinearse efectivamente, pero en un tono igual al color natural. Se pueden rellenar los labios aplicando polvo compacto antes de pintarlos. Así mismo recordar que los tonos oscuros aumentan el volumen y los tonos claros lo reducen
  • El cabello demasiado largo: Déjelo para las más jóvenes o arréglelo cuidadosamente, de lo contrario contrastará con el resto de su apariencia

Adaptarse a la nueva imagen es fundamental

Uno de los peores errores que pueden cometer las mujeres que están entrando en la etapa de envejecimiento, es pretender prologar la imagen juvenil. No quiere decir que se caiga en el descuido o que se renuncie a la coquetería. Se trata de ir aceptando los cambios físicos y de toda índole que se producen con la llegada de la menopausia, con la mayor madurez posible, arreglándose y aplicando los cuidados cosméticos que sean necesarios, y paralelamente, observando, apreciando y aceptando aquella imagen que va surgiendo día a día en el espejo: algunas líneas nuevas, algo de flacidez, menos brillo en la mirada y en la piel, menos cabello, labios más finos, en fin, efectos que van dejando su huella en la persona y que forman parte de un proceso tan natural como fue en su momento el desarrollo biológico o los cambios del embarazo.

Esta aceptación va más allá de la resignación, tiene que ver con la auto-valoración y con la comprensión de las diferentes etapas de la vida, y puede asumirse también como una pequeña liberación. En el caso concreto del maquillaje, la mujer puede ir desprendiéndose de artificios, y paulatinamente, permitirse mostrar una imagen más natural, y al sentirse cómoda y relajada, transmitirá esa sensación de plenitud que sólo puede reflejar, quien se acepta y se quiere tal como es. Maquíllese sí, y resalte la belleza de la madurez.

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