La composicion quimica de la leche
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La leche materna proporciona ventajas prácticas y psicológicas tanto al niño como a la madre. Es un alimento natural, fácilmente disponible, no contiene bacterias contaminantes y confiere protección frente a los patógenos entéricos. Además contiene anticuerpos bacterianos y víricos, vitaminas y otros nutrientes necesarios para el niño.

Se recomienda la leche humana como fuente exclusiva de nutrientes para la alimentación de los recién nacidos y hasta los seis meses de edad, ya que la leche materna contiene una enorme cantidad de componentes, incluidos diversos factores de crecimiento.

Se cree que el factor de crecimiento similar a la insulina, IGF-II y su proteína transportadora, presentes en la leche materna favorecen el crecimiento y desarrollo cerebral del lactante, así como una mejor evolución neurológica. También se ha planteado la hipótesis de que el IGF-I, contenido en la leche materna, favorece la maduración intestinal y mejora la captación y utilización de los nutrientes, y al ser absorbido, tiene efectos sistémicos en el niño. Además, la leche humana contiene ácidos grasos de cadena muy larga que no están en la leche de vaca, también relacionados con el desarrollo cerebral y retiniano.

Aparte de los mediadores bioquímicos contenidos en la leche y sus acciones en el desarrollo del lactante, es importante conocer el papel que tiene la lactancia materna en la prevención de muchas enfermedades, como las que desarrollaremos a continuación.

Se ha observado una menor incidencia de procesos alérgicos, lo que se puede atribuir en parte al hecho de que la lactancia natural evita la exposición precoz a alimentos potencialmente alergénicos, como las proteínas de la leche de vaca. En niños con alto riesgo para el desarrollo de alergias se recomienda la alimentación exclusiva con leche materna al menos hasta los 6 meses, y si es por más tiempo mejor.

Muchos estudios indican que la lactancia materna reduce el riesgo de padecer Diabetes Mellitus Insulino Dependiente. Se piensa que la proteína u otros componentes de la leche artificial podrían representar un papel importante como factor desencadenante del proceso de auto-inmunidad que da lugar a esta enfermedad.

Se han identificado al menos 70 enzimas en la leche humana, sin embargo se sabe poco acerca de los efectos del estado nutricional materno sobre la cantidad o actividad de estas enzimas. Los recién nacidos digieren triglicéridos y el almidón en un grado menor que las proteínas, pero tienen niveles adecuados de lactasa intestinal para hidrolizar la lactosa de la leche. Sin embargo, su habilidad para digerir los polisacáridos está limitada durante las primeras semanas de vida. La amilasa presente en la leche humana puede contribuir a la digestión de los polisacáridos en ausencia de la cantidad adecuada de lactasa intestinal. Por eso es que los niños alimentados con leche materna tienen menos probabilidad de presentar intolerancia a la lactosa, por la capacidad de la amilasa contenida en esta leche de favorecer la absorción de polisacáridos simples y complejos.

Los vómitos, cólicos y eccemas atópicos son menos frecuentes en niños alimentados con leche materna.

No nos podemos olvidar de los prematuros, a los que se recomienda la alimentación materna, por ejemplo, porque reduce el riesgo de que padezcan enterocolitis necrosante.

Los factores de riesgo de padecer esta enfermedad son la prematuridad, la alimentación artificial, la hipoxia, la isquemia y las infecciones bacterianas. Siempre que sea posible se debe procurar que la madre alimente directamente con el pecho a su hijo prematuro, con tomas cortas y frecuentes. Si no fuera posible se le puede alimentar mediante jeringas o sondas hasta que sea capaz de succionar, y para ello hay que enseñar a las madres las técnicas de extracción de leche.

Es indiscutible la supremacía de la leche humana para los humanos, se debe evitar la leche fórmula en los bebés. La salud de su hijo está en juego.

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