Los celos
¿Existe una razón fundada para los celos?

Son muchas las cosas que podemos decir respecto de los llamados celos, sin embargo nos parece correcto el señalar que, en primera instancia obedecen a una respuesta emocional, la que además encuentra un respaldo psicológico y conductual originado a raíz de la percepción de una amenaza externa, la que pondría en peligro “su” sensación de posesión sobre la persona celada.

Dentro de los tipos de celos encontramos aquellos que obedecen a respuestas románticas, en el supuesto de una pareja, y también a las no románticas, como lo son por ejemplo las relaciones entre amigos, hermanos o inclusive en los compañeros de juerga o de jornada.

Estos obedecen a conductas y emociones provocadas de una amenaza externa. Así, la primera respuesta sería la reacción natural que tiene una persona de perder aquella relación interpersonal con la persona a quien cela, por ello y debido a la complejidad que reviste todo tipo de relaciones humanas, donde se involucran sentimientos y conductas, es que se han realizado diversos trabajos e investigaciones tendientes a esclarecer esta reacción.

Los celos muchas veces se desarrollan de forma inocente, sin embargo hay ocasiones en que alcanzan niveles insospechados, los que llegan inclusive a justificar la comisión de delitos por el enceguecimiento en el que se ve envuelto quien cela y vive una sensación de pérdida o amenaza respecto de la persona celada.

Intentando explicar la razón que justifica de una u otra forma a un determinado sujeto para sentir celos, se planteó una importante hipótesis por parte de Greg White, psicólogo estudioso del fenómeno de los celos, quien señaló que aquella persona que nosotros llamaremos "celosa", experimentará este sentimiento cuando aparezca un tercero que denominaremos como "intruso", quien en el fondo representa o enmascara dos posibles respuestas para quien está siendo afectado por los celos:

  • La pérdida de las recompensas y beneficios que implican mantener la relación con aquella persona que hoy se comienza a relacionar con el “intruso”, apareciendo así, los celos, como una respuesta natural de retención del ser amado
  • La posibilidad de involucrarse un intruso en esta relación sentimental, provocando la elección por parte de la persona celada, donde son las presunciones de inferioridad o menor importancia frente al intruso, las que hacen surgir los celos

Lamentablemente, los estudios relativos a los celos han seguido un rumbo en el que se les asocia directamente con conceptos que van cambiando dependiendo de la sociedad en la que nos encontremos, pues la respuesta o reacción emocional frente a un intruso, en el caso de los hombres, puede verse trastocada por el llamado "machismo", el cual exacerba los celos frente a la percepción de posesión por parte de él hacia su pareja, al punto de presentarse como primera respuesta el ataque directo hacia la pareja, y en mucho menor grado el ataque hacia el intruso.

Sin perjuicio de lo recién mencionado, con todo el avance que ha tenido la sociedad y la evolución de la cultura en general, las mujeres se han permitido la inclusión de sufrir celos; y por este motivo, la sensación de ser lo suficientemente independiente como para no necesitar a nadie, la vuelve autosuficiente, al punto de sentirse por momentos poseedora del hombre.

El fenómeno de los celos no tiene fronteras delimitadas, motivo suficiente como para presentar casos en que la mujer celosa puede llegar un poco más lejos de lo esperado, actuando de manera absolutamente irracional, tanto o más de lo que lo haría un hombre en su posición.

Estudio del fenómeno de los celos

Si enfocamos los celos desde un prisma psicológico, nos encontramos con que éstos son considerados como un conjunto de sentimientos relacionados a un sentimiento de rivalidad, entre la sensación de amenaza provocada por un tercero (intruso) y el miedo a perder una posición que parece ser esencial para conservar la confianza y seguridad en sí mismo.

A partir de este postulado es que los celos pueden fácilmente convertirse en una enfermedad, la que es capaz de afectar al individuo que los padece y también a aquellas personas que lo rodean, siendo una de sus primeras víctimas la persona “celada”, pues según quien sufre los celos, el otro es quien entrega motivos para que esté ocurriendo todo esto.

Se ha comprobado recientemente que la experimentación de celos patológicos está profundamente arraigada a una sensación de inseguridad, hostilidad, depresión y autocompasión inclusive, resultando por ello sumamente destructivos para con la relación que intenta protegerse, dando origen así a lo que muchos han denominado como "profecía auto cumplida".

Lo anterior quiere decir que mientras más miedo sienta un individuo a perder aquello que siente “seguro posee”, más errores comete intentando resguardarlo, lo que desemboca en la pérdida inevitable de la relación que tanto entraña y quizás, cosas peores.

El fenómeno de los celos es sin duda un duro calvario, pues constantemente, la mente de quien padece de celos está divagando entre ideas que apuntan a supuestas infidelidades o al hecho consumado de estar separándose de aquella persona a la cual protege o pretende mantener como propia. Deben tener un especial cuidado aquellas personas ansiosas o impulsivas que sufren de este mal, inherente al ser humano hasta cierto punto, ya que en definitiva los que tengan una mayor facilidad para expresar sus ideas o sentimientos de forma violenta, seguro intentaran con los celos hacer exactamente lo mismo, cuestión que constituye una de las respuestas más frecuentes en lo concerniente al aumento de delitos pasionales.

No podemos decir que los celos se desarrollan exclusivamente en la psiquis de quien los padece, puesto que de extraña forma logran una comunicación con la persona a la que se intenta proteger, de manera exagerada, reaccionando ésta ante dicho estímulo de forma negativa por la necesidad de resguardar su espacio y rehuyendo así en mayor grado la sobreprotección de quien intenta mantenerle como suya o suyo.

Los celos no son sinónimo de amar

A pesar de que podamos sentir que amar a una persona implica sentir celos por ésta, lo cierto es que nada podría estar más lejos que ello, y es que sin importar la forma de actuar y de pensar de la persona con la cual exista una relación emocional, el que ama de forma sana y desinteresada no siente la necesidad de “celar a la otra persona”, menos aún pretende hacerla suya como quien hace suyo una cosa, sino que muy por el contrario manifiesta todo su amor y sentimiento de protección hacia el ser amado por medio de la preocupación, el cuidado de las necesidades del otro, la demostración de cariño y la entrega de tiempo suficiente como para que el ser amado se sienta acompañado.

Mientras más se ama a otro, más facilidad existe a la hora de entregarle libertad de acción, así, el amor no conduce a sentir una pérdida, sino que muy por el contrario proporciona un estado de felicidad y plenitud que difícilmente permite imaginar una posible ruptura o desilusión amorosa.

En estricto rigor cuando se sienta el miedo a perder al ser querido o amado, lo que estamos experimentando se podría graficar cómo:

  • Un ataque de inseguridad
  • Falta de autoestima
  • Carencia en lo que respecta a la preocupación por uno mismo

De esta manera, muchas veces se ha visto a personas preocuparse más por otros que por sí mismos, quedando allí en completa evidencia, la incapacidad de sentirse “un individuo único” entre las muchas personas que existen, por lo que el problema de los celos ya no es una cuestión que depende de la acción de un intruso, sino que de cualquier cosa que signifique un peligro para ellos, transformándose así en una enfermedad de cuidado.

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