Mujer embarazada cubriendose el rostro

La violencia obstétrica es considerada un tipo de violencia de género, una vulneración de los derechos humanos. Se trata de aquella que es ejercida sobre la mujer que está en trabajo de parto por el personal de salud, al maltratar de forma física o verbal, negar información, inyectar analgesia sin consentimiento, practicar una cesárea cuando no es necesario.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en el marco de trabajo del Human Reproduction Programme publicó el 23 de septiembre de 2014 una declaración en la que expresó:

Todas las mujeres tienen derecho a recibir el más alto nivel de cuidados en salud, que incluye el derecho a una atención digna y respetuosa en el embarazo y en el parto, y el derecho a no sufrir violencia no discriminación.

Declaración de la OMS sobre “Prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención del parto en centros de salud”:

En todo el mundo, muchas mujeres sufren un trato irrespetuoso y ofensivo durante el parto en centros de salud, que no solo viola los derechos de las mujeres a una atención respetuosa, sino que también amenaza sus derechos a la vida, la salud, la integridad física y la no discriminación. Esta declaración reclama un accionar más enérgico, diálogo, investigación y apoyo en relación con este importante problema de salud pública y de derechos humanos.

La abogada Perla Prigoshin coordinadora nacional de la CONSAVIG (Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género de la Argentina) dice sobre la violencia obstétrica:

Para tener claro qué es la violencia obstétrica, hay que pensar en un equipo de salud que comprende desde la persona que completa el formulario administrativo, hasta la instrumentadora, la enfermera, el anestesista.

Cuando el equipo de salud trata a la mujer de forma deshumanizada, y medicaliza o patologiza el accionar, estamos hablando de violencia obstétrica.

Gilda Vera, coordinadora general de la Red Latinoamericana y del Caribe por la Humanización del Parto y del Nacimiento (Relacahupan), explica:

…todo lo que apunta a menospreciar a la mujer tanto psíquica, física y espiritualmente a la mujer en el embarazo, el parto y el nacimiento». Y enfatiza que «el parto es algo que le pertenece a ella. Todo lo que el equipo de salud haga para que no sea absolutamente natural, es violencia.

La violencia se da desde el momento en que le quitan a la mujer el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, empezando por la posibilidad de abortar –asegura el ginecobstetra Ricardo Rueda–. Nosotros solo somos policías, el parto no es un evento médico. Estamos ahí para vigilar, para protegerlas emocionalmente y no deberíamos intervenir en sus decisiones a menos de que haya un inconveniente. Ellas deben tener autonomía y libertad.

Sara Barbosa, coordinadora intercultural de la asociación de parteras tradicionales Mujeres Bachué de Bogotá dice:

Para que un parto no sea violento, deber ser informado, libre y seguro. Hay violencia si un médico realiza un procedimiento innecesario que interrumpe el proceso fisiológico de un nacimiento. Como cuando se dan medicamentos para acelerarlo o cuando se realiza una cesárea antes del desencadenamiento natural del parto, sin que la mujer sea consciente de sus alternativas.

Un cambio cultural

El especialista en partería de Mujeres Bachué Ramiro Romero:

Culturalmente se les ha puesto a las mujeres una carga de sacrificio y abnegación. Tienen que pasar por el dolor para ser madres.

El temor a las demandas hace que muchas veces los médicos realicen determinados procedimientos para cubrirse. Histórica y culturalmente se les ha hecho creer a los médicos que eran seres superiores y ellos se han convencido de ello.

Cristina Serra, coordinadora de medios y plataformas de Mujeres Bachué dice sobre esto:

Las guías médicas existen por el miedo de los especialistas a que algo salga mal. Muchas veces prefieren hacer una episiotomía o una cesárea porque así tienen más control.

La ginecóloga colombiana experta en violencia Eliane Barreto expresa:

La violencia parte de relaciones de desigualdad que no se basan en el cuidado sino en el poder. Desde el primer semestre, te instalan la idea de que eres superior por ser médico.

Barreto agrega que en los hospitales donde se atienden los más pobres la situación es peor:

Si tengo a mi cargo personas que en mi construcción social valen menos que yo, es más fácil dejar claro que yo soy mejor que usted.

El Ministerio de Salud y el Ministerio de Educación deben trabajar de la mano, porque de nada sirve que desde la OMS lleguen unas recomendaciones si las universidades siguen con las mismas costumbres de hace años.

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