Maltrato infantil

El Síndrome de Munchausen por poderes es una forma de maltrato infantil en la cual, la propia madre, busca ayuda médica innecesaria para su hijo/a. Para lograrlo, induce en el niño síntomas reales o aparentes de una enfermedad. Las estrategias a las que recurre son variadas: Administrar fármacos neurolépticos como la clorpromazina, capaz de inducir lentitud en el lenguaje y en los movimientos, así como rigidez. Generar signos o síntomas, añadiendo sangre a las heces y la orina del pequeño, falsificando fiebres o provocando vómitos y diarreas. También puede ocurrir que la madre deje de alimentarlo, o incluso recurra a tácticas más radicales como provocarle infecciones inyectando sustancias en el vial de suero del hospital.

Con ello, somete al niño a revisiones médicas innecesarias, mostrándose siempre excesivamente a favor de nuevas pruebas diagnósticas y de prolongar la atención. No le agradará recibir un resultado definitivo con un tratamiento curativo para el hijo.

Tan sólo en el caso de sospechar que ha sido descubierta, solicitará el alta por falta de mejoría del hijo para acudir a otro especialista. Interferirá en el procedimiento médico y dificultará la comunicación entre los sanitarios que hayan tratado al niño en distintos centros a lo largo del tiempo.

Después de volver a casa, regresarán con el niño solicitando asistencia médica en repetidas recaídas, frecuentemente con síntomas no concordantes entre sí ni entre los diferentes episodios padecidos, y que no coinciden con cuadros clínicos concretos.

La madre suele ser la autora principal de los hechos, mientras el padre permanece distante en un segundo plano, poco implicado en la situación que se vive. Además, se trata muchas veces de mujeres que conocen el entramado hospitalario, e incluso pueden desempeñar oficios sanitarios (un estudio reveló que el 25% son trabajadoras de la salud). A pesar de su conocimiento de la jerga médica y el interés por ahondar en los procedimientos que se van a realizar, hay una escasa preocupación por la gravedad o falta de diagnóstico.

Si bien puede ocurrir que existan problemas entre los progenitores, no se ha identificado como motivo una ganancia externa de tipo conyugal ni económica. El problema excede a una simple búsqueda de atención, y se ha considerado como una necesidad psicológica de asumir el papel de paciente a través de otra persona, por medio de una relación perversa-patológica entre la madre y el personal que atiende al hijo.

Lo que comienza como una actividad encaminada a conseguir algún tipo de incentivo no bien definido, por parte de una madre con problemas psicológicos, puede acabar poniendo en serio peligro la vida del niño.

Detectar estos casos es difícil, porque se trata de mujeres aparentemente muy entregadas al cuidado del hijo, y esta actitud despierta la simpatía en el personal del hospital.

Como otras formas de maltrato infantil, la consecuencia es retirarlo del cuidado directo del maltratador. El padre o la madre deberán recibir atención psiquiátrica, siendo un proceso bastante difícil y con pronóstico incierto, que se puede prolongar años.

El niño, también deberá recibir ayuda psiquiátrica para superar las secuelas de ansiedad y depresión, así como tratamiento para los problemas orgánicos o lesiones.

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