Síndrome de la mala madre

Las mujeres han alcanzado logros impensados solo algunas décadas atrás: trabajan fuera, ocupan puestos de liderazgo en grandes empresas, en política, en medios de comunicación, etc. Sin embargo, estos avances tienen importantes costos, sobre todo cuando hay niños de por medio. La sociedad es muy exigente con ellas; les exige que sean exitosas profesionalmente, que estén en su eje emocional, que cuiden su salud y su cuerpo, que tengan una vida social activa, que se ocupen de su pareja, de su casa, de los niños y además que lo hagan todo bien. Esto es prácticamente imposible y en la lucha por conseguirlo, es que muchas caen en una gran frustración. Es aquí que aparecen síndromes como el síndrome de burnout y el síndrome de la mala madre.

El concepto tradicional asociado a la buena madre, implica amor incondicional y abnegación, ligados a cumplir este rol full time. Pero lo cierto es que la vida actual con sus exigencias, genera a expectativas altísimas con respecto a la mujer. La conciliación de la vida laboral y la vida familiar no es fácil y menos cuando se suman otros aspectos ya mencionados. Ellas entienden que hacen todo a medias y que la tarea más importante que es la crianza de sus hijos lo hace mal; ello origina lo que los psicólogos llaman el síndrome de la mala madre.

Este tipo de pensamientos agobian, fundamentalmente, a mujeres que en su afán de ser mujeres orquesta, están siempre realizando una actividad y pensando en que están descuidando otra. Sobre todo a sus hijos.

La psicóloga española Patricia Ramírez señala al respecto:

No terminan de sentirse bien consigo mismas porque piensan que no están a la altura.

El síndrome de la mala madre no es un trastorno en sí mismo, sino una causa que puede derivar en trastornos de ansiedad o trastornos depresivos

La especialista lo explica de la siguiente manera:

Querer hacerlo todo bien en todas las facetas y áreas de nuestra vida, es un nivel de exigencia tan alto que nos va a generar emociones negativas. Por supuesto, la ansiedad porque no llegas a nada, la frustración porque nunca las cosas están como yo creo que deberían y si no están es porque yo no soy suficientemente buena.

Las críticas del entorno favorecen el síndrome de la mala madre

Según un informe de la Universidad de Michigan, realizado en base a una muestra nacional de Estados Unidos, obtenida por la Encuesta Mott en 2017, efectuada a 475 madres de niños de entre 0 y 5 años, 6 de cada 10 madres han sido cuestionadas con respecto a la crianza de sus hijos.

Al respecto señala la co-directora de la encuesta y máster en Salud Pública, Sarah Clark:

Nuestros hallazgos abordan las tensiones que las madres enfrentan cuando los consejos de crianza generan más estrés que seguridades y las hacen sentir más criticadas que apoyadas.

Las madres pueden sentirse superadas por tantos puntos de vista contradictorios sobre la 'mejor' manera de criar a un hijo.

Un consejo no solicitado – especialmente de las personas más cercanas a su hijo – puede ser percibido como sinónimo de que ella no está haciendo un buen trabajo como madre. Eso puede ser hiriente.

Tips para salir adelante cuando el síndrome de la mala madre se hace presente

  • Aceptar que la perfección no existe: ninguna persona es perfecta, por lo cual entender esto que parece tan sencillo, es la base para no sentirse una mala madre. Cada una es la mejor versión de sí misma y aceptarlo puede hacer la diferencia. Hay tantas formas de ser buena madre como madres en el mundo.
  • Entender que la satisfacción personal se transmite de forma positiva: los niños van a ser más felices y aprenderán a valorarse mejor a sí mismos, si su madre está satisfecha con todo lo que hace, a que si está frustrada producto de abandonar sus propios intereses en favor de la crianza de sus hijos
  • No es siempre mejor que la maternidad sea la tarea exclusiva: la maternidad es un rol básico en la vida de una mujer, pero no es el único, ni el exclusivo. Cada rol, cada tarea que desempeña es importante, ocupa un lugar trascendental y debe ser atendido en su debida medida. Aprender a trabajar con un nivel de exigencia menor, es uno de los consejos que ofrece la psicóloga Ramírez.
  • Es más importante dedicar a los hijos tiempo de calidad a cantidad de tiempo: muchas veces es más importante estar un ratito con ellos pero que ese tiempo sea exclusivo para ellos a que pasar largas horas infructíferas, forzadas, sin conectar realmente con ese momento.
  • Respeta tus tiempos: tus espacios y exige que todos quienes te rodean también lo hagan. Esto es clave para estar plena, tranquila y no correr siempre detrás de algo que nunca llega. Una vez que las obligaciones laborales, del hogar, de los niños y demás están cubiertas, el espacio personal tiene que ser atendido y es tan importante como todo lo demás, no puede quedar relegado ni postergado.
  • Establecer prioridades: las mismas deberían ser establecidas en función de aquello que hace bien y hace feliz.
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